top of page

HISTORIA DEL CAMINITO DEL REY

Orígenes.jpg

Introducción.

Las obras dieron comienzo en 1901 y se necesitaron 4 años para finalizarlas. El camino iniciaba su recorrido pegado a las vías del tren de Renfe y comunicaba ambos lados del Desfiladero de los Gaitanes. En la inauguración de la presa del Conde del Guadalhorce estuvo presente el monarca Alfonso XIII, que visitó la prensa del Conde del Guadalhorce en 1921, atravesando el Camino que se había construido. Dicho hito tuvo la suficiente repercusión para que el Caminito pasara a llamarse Caminito del Rey, nombre que aún perdura durante más de 1 siglo y es el nombre que se mantiene en la actualidad.

Situación geográfica.

El Desfiladero de los Gaitanes está ubicado en la vertiente occidental de la Cordillera Bética, y es realmente impresionante, pues en varias zonas del cañón, la altura de este supera los 300 metros y la anchura no supera los 10 metros. El Desfiladero está perforado sobre todo en piedra caliza y dolomías del periodo Jurásico. En la zona se encuentran asimismo incipientes formaciones rocosas del Mioceno. Lo que impregna de belleza a este paraje es sin duda el aspecto morfológico de las estructuras rocosas, verticalmente estratificadas por la erosión que el río ha ido conformando a lo largo de millones de años.

En la zona del Desfiladero de los Gaitanes existen casi dos docenas de cavidades, algunas de ellas suspendidas varias decenas de metros por encima del nivel del río. La conformación de estos agujeros ha ido evolucionando progresivamente a los largo de los milenios gracias a la acción que el río Guadalhorce.

En el Desfiladero se reúnen una serie de fenómenos morfológicos de las rocas, con formaciones conglomeradas y calcarenitas, sedimentos del mioceno que configuran hermosas formaciones sedimentarias, fósiles de ammonite y de ballenas (lo que evidencia que hace millones de años, el mar mediterraneo llegaba a esta zona) y tafonis, que son formaciones rocosas en los que la erosion del agua, del viento y reacciones geoquímicas ha dibujado caprichosas oquedades en la roca así como patrones con formas arabescas.

Construcción.

El Caminito del Rey es una ruta construida en los tajos del Desfiladero de los Gaitanes. Es una senda anclada al Desfiladero con una longitud de 3 kilómetros y suspendido a 100 metros sobre el nivel del río, y que en muchos de sus tramos la anchura de las pasarelas supera escasamente el metro. El Caminito principia en el pueblo de Ardales, cruza Antequera y finaliza en la barriada del Chorro (Álora).

Esta infraestructura se construyó como una solución para salvar el salto de agua del Desfiladero, en el contexto de la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, dueña del Salto del Gaitanejo y Salto del Chorro, que necesitaba una forma para que los trabajadores y los materiales pudieran circular por este bellísimo paraje.

Las obras dieron comienzo en 1901 y terminaron en 1905. El camino iniciaba su andadura pegado a las vías ferroviarias de Renfe, y recorriendo el Desfiladero de Los Gaitanes, cuyo ambos lados quedaban así conectados. Para inaugurar está obra de gran magnitud, el monarca Alfonso XIII visitó la zona en 1921 para conocer de primera mano la presa del Conde de Guadalhorce, y para llegar a ella cruzó el Caminito. Un hecho tan insólito como era recibir la visita del Rey y que cruzara este camino utilizado por los trabajadores y personas de condición humilde, llevó a que la gente se empezara a referir al camino como Caminito del Rey, nombre que ha llegado hasta los dias de hoy.

Quizá el punto más destacable del Caminito es el Desfiladero de los Gaitanes. Este saliente se ve perfectamente desde las vias del tren, y es imposible no asombrarse de cómo, con los medios de la época, se alzó con éxito una construcción tan arriesgada emplazada en un enclave tan bello como inaccesible. Desde la carretera que une Álora con la barriada del Chorro, y a la entrada del Desfiladero, es posible vislumbrar un pequeño pero asombroso puente que une las pasarelas que discurren a ambos lados del Desfiladero.

El deterioro del Caminito y la necesidad de recuperarlo

Hasta el año 2015 el estado de la infraestructura del Caminito del Rey era absolutamente ruinoso. La falta de mantenimiento y la acción de la naturaleza llevaron al Caminito a un estado totalmente penoso. Recorrer los restos del Caminito era una tarea imposible (no así para personas temerarias que se jugaban la vida atravesándolo y dejando constancia de ello en fotos y videos que se pueden encontrar en internet), y de haber permanecido así, se hubiera perdido una parte muy importante de la historia de la zona y de los pueblos que lo escoltan.

Restauración y apertura.

La fecha clave que marca el inicio de una nueva etapa en el Caminito es febrero de 2014, cuando la Diputación de Málaga abre el proceso de adjudicación para llevar a cabo las obras de reconstrucción total del Caminito. A finales de marzo de 2015 el Camino se abrió al público, convirtiéndose instantáneamente en un hito turístico que atrae todos los años a miles de visitantes españoles e internacionales.

Presencia humana desde la prehistoria.

La presencia del ser humano en los alrededores del enclave natural de Gaitanejo y el Chorro está más que constatado desde épocas prehistóricas debido a los numerosos restos, neolíticos en su mayor parte, que se han hallado en la zona. Todo el enclave es un vértice en el cual confluyen las principales vías que comunican la zona litoral con el interior, en el cual la presencia de los ríos Turón, Guadalteba y Guadalhorce elevan el interés y el atractivo de la zona. Durante el periodo prehistórico, estos ríos debieron actuar como vectores esenciales de comunicación y de transporte entre los diferentes poblados.

 

El periodo de bronce se revela como una época clave para el desarrollo del Desfiladero de los Gaitanes, por ser este un punto de convergencia y unión de los valles interiores con el valle Bajo del Guadalhorce.

 

A lo largo y ancho de este territorio van a asentarse una serie de poblados que comienzan a dejar la huella del hombre en la naturaleza, entre los siglos IX y III a.C, siglo en el cual el imperio romano irrumpe con fuerza en toda la Península Ibérica, y en particular en la provincia de Málaga.

El Desfiladero de los Gaitanes

Localización.

 

En el mismo corazón de la provincia de Málaga, escoltado por las sierras de Ronda y Antequera, y sirviendo de separador entres las llanuras del Norte de la provincia (Campillos, Antequera y Teba) y de las vegas del valle del Guadalhorce y los campos de Cámara, se ubica un esplendoroso territorio que esconde tesoros de historia y paisajes de arrebatadora belleza. Un enclave en el cual, a lo largo de los milenios han forjado su historia diferentes pueblos, y sobretodo en el siglo XX, cuando la zona fue elegida para llevar a cabo unas muy ambiciosas infraestructuras ferroviarias e hidroeléctricas donde el Caminito del Rey asumió un papel de elemento conector que permitía el transporte de personas y materiales de un lado a otro del desfiladero de manera rápida y ágil, aunque no exenta de riesgos.

 

Asimismo, las cimas montañosas perfilan un relieve montañoso de gran importancia geomorfológica, ambiental y paisajística.

 

El Desfiladero de los Gaitanes está ubicado en un gran paraje natural de 2173,34 hectáreas, situado en el lado occidental de las Cordilleras Béticas. En él se reúnen macizos montañosos separados del Torcal de Antequera por tierras bajas de carácter margoso. En sus lindes encontraremos sierras que responden a los nombres de Huma, Abdalajís, Llana, Tajo del Cuervo y Salto de la Zorra, siendo estos sistemas montañosos compuestos en su mayor parte por piedra caliza y dolomías del periodo jurásico.

 

Paraje natural.

Estamos ante un paraje, ubicado en los aledaños de la barriada del Chorro, que es indudablemente uno de los que poseen la más cautivadora de las bellezas de la provincia de Málaga. Las asombrosas gargantas horadadas durante milenios por el río Guadalhorce por entre los macizos de piedra caliza y dolomías jurásicas poseen una longitud de 3 kilómetros, alcanzando cimas de más de 300 metros y en lo más angosto de su trazado apenas llega su anchura a los 10 metros.

La privilegiada ubicación del Desfiladero, ha hecho de él la zona elegida para el asentamiento de muchos pueblos, que desarrollaron aquí toda su labor de subsistencia y de intercambio comercial. La zona ha servido de imán para muchas personalidades famosas de diferentes nacionalidades, que no lograron escapar a la embriagante belleza de este paraje, encontrando en él la riqueza paisajística e inspiradora para llevar a cabo actividades de muy diversa consideración.

 

Múltiples usos.

Desde puntal para el desarrollo de actividades comerciales, gracias a su privilegiado enclave y vías de comunicación, el empuje de la agricultura de secano en un primer momento, y de regadío posteriormente, hasta, ya en tiempos más recientes, la creación de un polo de obtención de electricidad de relevancia nacional, obtenida gracias a los saltos de agua, la creación de un amplio espectro de actividades recreativas en torno al agua embalsada en sus pantanos, los desfiladeros y los espacios arbolados (fruto en su mayor parte por obra del hombre), han dotado a este paraje de una idiosincrasia muy suya e irrepetible. La inhóspita belleza de sus riscos y tajos, la subyugante sensación de hallarse en un medio donde se hacen eco miles de años de historia de la tierra y de los pueblos, han servido para inspirar a numerosos artistas, escritores, pintores, cineastas, dramaturgos poetas, viajeros románticos... que encontraron, viniendo a visitar la zona, la inspiración necesaria para plasmar en sus obras una pequeña parte del alma sustancial de estas tierras.

Un camino muy práctico.

El conjunto de pueblos y asentamientos que se establecieron alrededor de este enclave natural, encontraron en el Caminito del Rey un punto vital como vector de conexión. Compuesto por pasarelas de hormigón ancladas sobre las vertiginosas paredes calizas a más de 100 metros de altura del Desfiladero de los Gaitanes, el Caminito del Rey fue una obra eminentemente práctica y funcional, que no tenía otro objeto más que comunicar rápidamente 2 puntos de un novedoso salto hidroeléctrico de principios del siglo XX, salvando para ello las abismales profundidades del Desfiladero.

Este ingenioso camino, que durante décadas sirvió como vía de comunicación entre los pobladores de la comarca, que veían su vida mucho más facilitada por el ahorro de tiempo que implicaba el uso del mismo, llegó a encontrarse en riesgo serio de desaparecer. El propio desgaste del caminito, unido a la inclemente acción de los elementos naturales y al abandono de su mantenimiento del cual hizo gala el hombre, lo llevaron a un punto de casi desaparición, lo que hubiera significado perderse con él o dejar en el olvido una parte muy importante de la historia colectiva del hombre y pueblos que florecieron por, y en torno a él.

El Caminito del Rey y el ferrocarril.

La conexión Málaga - Córdoba.

 

Fue a mediados de los años 40 del siglo XIX cuando se producen los primeros movimientos para llevar a cabo la conexión ferroviaria de 2 ciudades andaluzas tan importantes como Córdoba y Málaga. En 1851 se creó la primera plataforma de trabajo en la que estaban Jorge Loring, Martín Larios, Joaquin Ferrer, Jose Hernandez Varela y Enrique Sandoval, todos ellos próceres de la sociedad malagueña. Con la promulgación de la ley del ferrocarril de 1855, la concesión de su explotación a Jorge Loring en 1859, y la creación de una sociedad capitalizada por fuentes tan diversas como la alta burguesía de Málaga, ayuntamientos, capital francés e inglés, se iniciaron los primeros trabajos en marzo de 1860. Las obras finalizaron en 1866, viéndose conectadas toda la riquísima campiña del interior de Andalucía, así como las reservas carboníferas de las minas de Belmez y Espiel con las fábricas "La Constancia" de la familia Loring en Málaga.

 

El trazado abarca un total de 192 kilómetros que cruzaba fértiles vegas de olivares, tierras de labor y prados. Fueron necesarios proyectar 17 túneles, 8 viaductos y 18 puentes que pasaban por localidades tan señaladas como Fernan Nuñez, Montilla, Aguilar de la Frontera, Puente Genil, y ya en Málaga, Bobadilla, Gobantes, El Chorro, las Mellizas, Álora, Pizarra, Cártama, Los Remedios y Campanillas. Como es de esperar, gran parte de los grandes retos del trazado se hallaban en la zona del Desfiladero de los Gaitanes, siendo la estación del Chorro la que más dificultad entrañaba, debido a lo íngreme del terreno, por el cual incluso la caballería circulaba con dificultad. En este tramo, el ferrocarril transcurre por el lado izquierdo del río Guadalhorce, cruzando el Desfiladero a la misma altura prácticamente que el Caminito del Rey.

Impulso a las pequeñas poblaciones.

 

La llegada del ferrocarril supuso un soplo impulsor para todas las poblaciones cercanas al Desfiladero, especialmente para la actual barriada de El Chorro, ya que contaba con una estación propia.

 

Así pues, este enclave, que entre otros factores, había quedado alejado de los avances que se iban produciendo a largo de todo el país debido a su inhóspita y vertical orografía, vio como el ferrocarril supuso un revulsivo decisivo para su desarrollo económico. Por primera vez en toda su historia, gracias a las vías del tren, la Comarca podía mirar al futuro y vislumbrar algo más que una agricultura de subsistencia y la ganadería de pastoreo.

La introducción de la electricidad aplicada a la industria.

La revolución de la electricidad.

 

La segunda parte del siglo XIX trajo consigo un cambio profundo en la sociedad española, al igual que había venido ocurriendo en el resto de Europa y  América. No fue hasta el año 1873, cuando en Barcelona se aplicó por primera vez la electricidad a la actividad industrial. Ello supuso una verdadera revolución (muy tardía, eso sí, si la comparamos con otros países de Europa) en el ámbito de la industria, el transporte y la vida cotidiana.

 

El hito de 1873 vino, como suele ser normal en estos casos, con experimentos y ensayos previos, como el de Sevilla, que empleó lámparas de arco voltaico para iluminar las calles y su Feria de Abril. Acciones similares, sin más trascendencia, se realizaron también, por ejemplo, en la feria de Almería. El gran impulso de la generación de electricidad se llevó a cabo con el aprovechamiento de los saltos de agua y el progresivo perfeccionamiento de las turbinas. La energía hidroeléctrica se alzó como un nuevo componente en el mix energético, sin desplazar nunca del todo a las centrales térmicas de carbón y gas, ya que aquella adolecía del hecho de depender de las lluvias, fenómeno que infelizmente, nunca ha abundado en Andalucia.

El nacimiento de las compañías eléctricas.

 

En el periodo que transcurre entre la última década del siglo XIX y el inicio de la Guerra Civil española, fueron creadas en España numerosas compañías dedicadas a la producción y distribución de electricidad. Por destacar algunas podríamos hablar de la Hidroeléctrica Ibérica (sediada en Bilbao), fundada en 1901 con capital vasco; la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, en Málaga, creada en 1903; la Hidroeléctrica Española en 1911... En lo que atañe exclusivamente a Andalucía, las empresas más potentes del sector fueron Sevillana, Mengemor, Chorro y Fuerzas Motrices del valle del Lecrín.

 

Ciñéndonos ahora a Málaga, la Compañía de Alumbrado y Calefacción por Gas, suscribió un acuerdo exclusivo con el Ayuntamiento en 1852, por el cual era la única empresa que suministraba electricidad a la capital. La irrupción del gas como fuente de generación de electricidad coincidió con uno de los momentos de mayor pujanza económica de la ciudad.

 

No obstante, la consolidación de la luz en Málaga no llegaría hasta finales del siglo XIX, de la mano de sendas compañías alemana e inglesa, cuya preponderancia se mantuvo hasta los años 20. Toda esta pujanza de la electricidad obtenida mediante el uso del agua no significó ni mucho menos que el gas desapareciera como sistema de alumbrado y calefacción. La luz fue considerada como un objeto de lujo hasta principios del siglo XX.

 

Málaga emergió como una de las ciudades punteras en la generación de electricidad. En 1893 contaba con 6 centrales térmicas con una potencia de 90CV. Por tener un punto de referencia, Sevilla contaba con 2 centrales y en Huelva no existía ninguna.

 

Otro factor disruptivo de la energía eléctrica obtenida mediante el aprovechamiento del agua es que su bajo coste de producción se trasladaba a los usuarios, contribuyendo en gran medida a que la electricidad se tornase en un fenómeno más asequible y universal.

D. Rafael Benjumea Burín . Conde de Guadalhorce.

Málaga vio nacer a una figura esencial para comprender no sólo su propia historia a lo largo de todo el siglo XX, sino también parte de la vida política española. Benjumea fomentó una decidida apuesta por la energía eléctrica como motor impulsor de la industria y de la mejoría de todos los servicios que ofrecía Malaga. Para ello contó con la introducción de innovadores métodos de aprovechamiento hidroeléctrico, tal como había hecho en el norte de España Juan Urrutia. Málaga, que sería una provincia privilegiada para lanzarse a la carrera del desarrollo industrial, por la riqueza de sus suelos, vio cómo estas posibilidades menguaban debido a la proverbial escasez de agua de la cual adolecía la provincia, siendo las lluvias escasas e irregulares.

Benjumea vio en el desarrollo de su proyecto no solo una magnífica oportunidad para dotar de un nuevo dinamismo económico a Málaga, si no que al mismo tiempo pretendía despertar a la aletargada sociedad española, que durante siglos había sesteado acomodada y viviendo de las rentas que procedían de las Américas. Para ello quiso sacar adelante el proyecto de una gran central hidroeléctrica con capital 100% nacional.

Las centrales hidroeléctricas.

 

Su irrupción en España a principios del siglo XX implicó un profundo avance tecnológico en lo que a la obtención de energía eléctrica se refería, dejando atrás las ruidosas y contaminantes centrales térmicas a vapor. Las empresas que apostaban por la producción de energía mediante el aprovechamiento del agua, introduciendo novedosas maquinarias hidráulicas, fueron tenidas en cuenta como adalides del empresario moderno y preocupado por incorporar a la actividad industrial los avances de la ciencia.

 

La construcción de embalses y saltos de agua para producir electricidad reforzó así la respuesta a la creciente demanda de energía eléctrica por parte de la industria haciendo lo mismo con los númerosos y muy novedosos servicios que las poblaciones demandaban, como por ejemplo los tranvías, y más tarde, los trenes. Así pues, las centrales hidroeléctricas tuvieron en España, desde sus comienzos, una gran acogida transversal por parte de toda la sociedad.

 

Y uno de los ejemplos lo tenemos aquí mismo, en el Salto Hidroeléctrico del Chorro, creado en 1903 por Rafael Benjumea para proveer de energía a la ciudad de Málaga, pero al mismo tiempo para poder abastecer a una potencial industria agraria, que si bien era escasa, podría aprovechar todas las ventajas de esta novedosa fuente de energía a un coste bajo. Fue tal la pujanza del proyecto impulsado por Rafael Benjumea, que las empresas inglesas y alemana que proveía de electricidad a Málaga, fueron absorbidas por la empresa de Benjumea.

 

La dimensión de esta infraestructura fue crucial en su época. Por una parte se lograba generar electricidad a bajo coste y universalizar su utilización, y por otra parte, los beneficios que obtuvo dicha empresa permitió la compra de otras, como los tranvías de Málaga, que eran propiedad de una empresa belga hasta que fue comprada. Incluso permitió financiar la construcción de la gran presa de Guadalhorce, lo que permitió llevar por primera vez el regadío a extensas zonas del campo malagueño. Todos estos méritos llevaron a que el rey Alfonso XIII le otorgara a Rafael Benjumea el título de Conde de Guadalhorce.

 

El actual enclave del Desfiladero de los Gaitanes, por donde transita el Caminito del Rey, fue el lugar elegido para instalar el salto hidroeléctrico, que fue mudo testigo de la belleza del entorno donde fue construido.

La Central Hidroeléctrica del Chorro.

Los Loring.

 

La familia Loring, en el transcurso de la construcción del enlace ferroviario Córdoba-Málaga, ya habían atisbado el potencial hidroeléctrico que tenía el río del Guadalhorce a su paso por el Desfiladero de los Gaitanes. En 1866, cuando se iniciaron los trámites para llevar a cabo la obra, Jorge Loring Heredia pidió el permiso para llevar adelante el proyecto de la mano del Ingeniero de Caminos Leopoldo Werner.

El proyecto contempla el desnivel de 100 metros de altura en el río Guadalhorce, entre la zona de Gaitanejo y el desfiladero de los Gaitanes, de modo a crear un salto de agua y generar energia eléctrica. Por la Real Orden del 24 de noviembre de 1902 se le otorgó la concesión del salto de agua a Jorge Heredia Loring. Sin embargo, el proyecto no se llegó a emprender de facto por las interferencias que esta obra tendría sobre el proyecto ferroviario ya existente.

Benjumea, Silvela y Loring: las obras.

Rafael Benjumea tuvo la visión de ver el potencial del proyecto que se había quedado estancado y lo retomó el 26 de julio de 1903 creando para ello la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, uniéndose al proyecto Francisco Silvela de Le Vielluze y Jose Loring Heredia. Se trataba de una empresa de índole familiar, ya que la suegra de Rafael Benjumea y la mujer de Francisco Silvela eran hermanas, ambas pertenecientes a la acaudalada familia Heredia Loring. La sociedad se constituyó con la aportación de dos millones veinticinco mil pesetas y la sede elegida para fijar la sociedad fue Madrid.

El inicio de las obras se produjo en 1903, y todo el proceso fue revisado directamente por el ingeniero de caminos Rafael Benjumea, mentor y padre del proyecto, que compaginaba su trabajo de oficinista en Málaga con el apoyo técnico y de supervisión de la construcción de la central. La envergadura de la obra, unida a las deficientes comunicaciones entre el Chorro y Málaga, hicieron que llevar a buen puerto esta empresa fuera una tarea con reminiscencias faraónicas.

Las obras del complejo hidroeléctrico terminaron en 1905, y al año siguiente ya estaba todo completamente operativo. Al arrancar el proyecto, la Compañía Hidroeléctrica del Chorro optó por revender la energia a grandes compañías que a su vez la comercializaban. Algunos de los clientes más insignes fueron Siemens Elektrische Betrieb (más popularmente llamada como La Alemana), la Compañía Inglesa de Luz Eléctrica (La Inglesa), la sociedad Constructora del Ferrocarril Málaga-Torre del Mar y la Compañía Belga de Tranvías. El balance económico del proyecto fue desde primera hora muy positivo, ya que la demanda de energia eléctrica era muy superior a la capacidad de producción de la planta, que le permitió fijar unos precios más elevados.

Dos incidentes resueltos con implicaciones personales.

 

Siendo muy prometedor el arranque del ilusionante proyecto, muy pronto hubo que hacer frente a 2 catástrofes importantes. El 24 de septiembre de 1907, una lluvia torrencial inundó por completo la central, causando severos daños. Tras las pertinentes reparaciones, el 13 de octubre de 1908, la central sufrió un incendio al secarse el aceite de uno de los transformadores. Este segundo incidente causó graves perjuicios a la Sociedad del Chorro, pues no fue capaz de hacer frente a las obligaciones de suministro a las que se había comprometido por contrato. La Inglesa vio cortado totalmente su suministro, y a las demás se les restringió. A pesar de que se había contratado una central para emergencias con la empresa Mather and Platt, esta no pudo finalmente hacer frente a la demanda de energia. Como medida desesperada se intentó que la empresa Málaga Electricity se hiciera con el control de la Compañía del Chorro.

 

Sin embargo, este proyecto tan ilusionante y atrevido, había costado demasiado dinero. Para poder cumplir con las obligaciones derivadas del funcionamiento de la empresa, Rafael Benjumea no tuvo más remedio que aportar capital propio a la empresa, lo cual logró mediante la venta de todas sus propiedades rústicas heredadas de su padre. Pero aún así no le alcanzaba, por lo que tuvo que solicitar préstamos a su familia política. En concreto, la familia Loring, para hacer frente a los graves daños sufridos en 1907 y 1908, tuvo que hipotecar su posesión más preciada, la espléndida finca de la Concepción, habitada durante largas temporadas por la familia Benjumea Heredia.

 
La central hidroeléctrica vuelve a producir.

 

Al final se tuvo que vender la finca de la Concepción, pero gracias al apoyo incansable de los accionistas y de la familia, y una vez superados los problemas técnicos derivados de los incidentes de 1907 y 1908, la Sociedad del Chorro volvió a funcionar a pleno rendimiento, consiguiendo rápidamente volver a generar los beneficios suficientes para empezar a proyectar la construcción de una nueva presa de regulación llamada presa del Chorro, que tenía como objetivo paliar la inestabilidad en los ciclos de producción de energia que presentaba la Compañia del Chorro.

 

Progresivamente, a medida que se consolidaba el funcionamiento de la central y los beneficios fueron en aumento, se pasó del suministro de alta tensión a servir directamente a grandes industrias y distribuidores. La pujanza de la Sociedad del Chorro fue tal que permitió absorber a 2 compañías extranjeras de electricidad que quemaban carbón para producir energia eléctrica. Este primer hito dio paso a otro, que fue el de la compra de una compañía belga que tenía la concesión de de Tranvías de Málaga. Así pues, a pesar de todas las vicisitudes, el proyecto visionario de la Compañía del Chorro logró ver cumplido el sueño de que el suministro de electricidad a Málaga estuviera en manos de capital nacional.

La presa del Chorro.

El proyecto inicial y la primera visita Real.

 

​La enorme inundación que padeció Málaga en 1907, que fue una gran desgracia en su momento, sirvió de impulso para construir el tan anhelado pantano que regulara el caudal del Río Guadalhorce, y al tiempo fuese una infraestructura de gran provecho para la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro. Para conmemorar la construcción de tan grandiosa obra, el rey Alfonso XIII visitó Málaga por primera vez, acompañado por el Presidente del Gobierno, Maura, y Gasset, Ministro de Fomento. Con ocasión de esta visita se fundó la División Hidráulica del Sur de España, cuya principal misión sería la de llevar a cabo las obras hidráulicas necesarias para suministrar agua a toda la población, llevar el agua a los campos que la necesitaban y encauzar adecuadamente todos los caudales de agua de la zona. Entre otros ingenieros, destacó Giménez Lombardo, que entre otros, llevó a cabo el primer proyecto de embalse del río Turón.

 

A este hecho casual se unió el buen funcionamiento de la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, lo que llevó a que su mentor e impulsor principal, Rafael Benjumea (1876-1952), se planteara años más tarde iniciar la construcción de una gran presa para llevar el regadío a la Hoya de Málaga, una vasta y fértil vega del interior de Málaga, ubicada en el valle bajo del río Guadalhorce, cuyo nombre en árabe se traduce como "río de trigo". La construcción de esta presa tenía otro valor añadido muy importante, pues permitirá, por primera vez, regular de manera predecible el caudal del agua, de manera que la Central Hidroeléctrica podría producir electricidad bajo demanda, y dejando de ser dependiente de la estacionalidad de las lluvias torrenciales.

 

Con el proyecto de Gimenez Lombardo finalizado en 1913, un informe geológico elaborado por el ingeniero de Caminos, Gutierrez de Gándara, propició la modificación de la ubicación de la presa aguas abajo. En agosto de 1914, la Gaceta de Madrid aprobó definitivamente las obras del Pantano del Chorro. El proyecto inicial contemplaba la creación de una presa de 35 metros de altura con capacidad de embalse de 27 hectómetros cúbicos, obra que llevaría a cabo bajo el amparo de la Ley de 1911 o ley Gasset.

 

La financiación de este proyecto corría en un 50% a cargo del estado, que adelantaría además el otro 40% durante el periodo de ejecución, siendo el 10% restante aportado desde un primer momento por la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro.

 

Las obras, dirigidas siempre por Rafael Benjumea, marcharon siempre a muy buen ritmo, en gran parte debido a las desconocidas labores de Benjumea como constructor y organizador/gestor de recursos. A solamente 5 kilómetros de la presa se instaló una fábrica de cemento Portland, lo que aseguraba el suministro de esta materia prima sin cortes o posibles incidencias advenidas a raíz por la I Guerra Mundial.

El papel del ferrocarril y de la maquinaria eléctrica.

​Teniendo en cuenta que no existían carreteras, el ferrocarril era la única forma de transportar los materiales y maquinaria necesarios hasta el tajo de la obra. Para ello se construyó el apeadero "El Coscojal" entre las estaciones de tren de Gobantes y El Chorro. Desde aquí, y hasta la obra, se construyó un pequeño tren, que llegaba hasta la cantera. Para recibir el suministro de arena, en un primer momento se empleaban reatas de burros, aunque muy pronto, en cuanto se crearon los embalses parciales, se emplearon barcazas impulsadas a motor, que hacían acopio de arena en las cañadas cercanas siendo aquellas de gran calidad. Para dar abrigo a los casi 600 obreros necesarios para la obra se alzó un poblado, que contaba con un economato que proveía de los alimentos y útiles más básicos a un precio muy accesible.

Sin embargo, lo más novedoso en el sistema de construcción fue el empleo por primera vez de maquinaria industrial movida con electricidad, tales como las bombas de achique, hormigoneras, grúas, cabrestantes, martillos neumáticos... que recibían la electricidad a través de un tendido eléctrico que procedía de la misma Central del Chorro. Se hizo necesario racionar el uso de cemento debido a la carestía causada por la I Guerra Mundial, por lo que, una vez finalizada la cimentación, que se hundió hasta 20 metros bajo el nivel del río, se alzaron unos grandes columnas a base de mampostería, sobre los que colocaron grúas que movían los grandes bloques de piedra que se colocaban sobre el hormigón fresco, de modo a que quedaran bien empapado.

 

Para que la presa pudiera servir también como vertedero durante el transcurso de las obras, se adelantaron más las obras en el paramento de aguas arribas y en las laderas. El paramento de aguas abajo se construyó con piedra rojiza dando lugar a una mampostería que lucía muy estética por el color de la misma.

 
La nueva presa.

​Al poco de principiar las obras, una reforma del proyecto incrementó la altura de la presa hasta los 50 metros, lo que elevó su capacidad de embalse hasta los 80 hectómetros cúbicos. La obra se dio por concluida el 21 de mayo de 1921, fecha en la que el rey Alfonso XIII, bajo una torrencial lluvia, colocó la última piedra de esta inmensa presa. Este hito fue recogido por la revista "Blanco y Negro". Para enfatizar este momento tan simbólico, dotándolo asimismo de la solemnidad que la presencia del monarca requería, el último sillar se colocó empleando una "holivela" muy similar a la que emplearon los ingenieros romanos. Además, un elegante sillón de piedra, y una mesa tallada en el mismo material, se emplearon para rematar tan simbólico momento.

El periodo de la Guerra Civil.

La central hidroeléctrica del Chorro fue la semilla que plantó una duradera y provechosa vida de la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro. A lo largo del siglo XX, la empresa consolidaría un camino de crecimiento y asentamiento de actividades relacionadas con la produccion y distribucion de energia electrica.​ Durante los años anteriores a la Guerra Civil, la empresa centró sus recursos en mejorar sus infraestructuras de producción, transporte y distribución, al tiempo que tenía que hacer frente a los fraudes y enganches ilegales llevados a cabo por los usuarios. Durante estos años también se iniciaron contactos con otras empresas líderes en electricidad en Andalucía, como Sevillana de Electricidad o Mengemor.

 

Durante la Guerra Civil, la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, dada lo inhóspito de sus accesos y remota ubicación, permaneció a salvo de los daños causados por la guerra, teniendo que suministrar energia fuera de su radio de acción convencional, ya que otras plantas similares dañadas no podían producir la electricidad suficiente. Una vez terminado el conflicto bélico, el Chorro continuó expandiendo su actividad, dentro y fuera de Málaga. A finales de los años 40, el Chorro proporcionaba electricidad a toda Málaga, Almería y algunos de los pueblos más importantes de Granada, Córdoba y Sevilla. Durante la década de los 50, el Chorro compró la Eléctrica del Segura S.A, con lo que se hizo con el suministro de electricidad de muchos pueblos de Murcia.

La expansión urbanística y el turismo.

La segunda mitad del siglo XX.

 

Los años 50 y 60 vinieron marcados en España por 2 fenómenos que revolucionaron la sociedad española: la expansión urbanística y el auge del turismo. Fue cuestión de pocos años para que los tradicionales cultivos más cercanos a la costa de Málaga se vieron sustituidos por bloques de apartamentos, que logicamente necesitaban energia eléctrica. El turismo, por su parte, transformó para siempre el semblante de los pueblos costeros, que pasaron de ser apacibles centros de residencia de los lugareños, a ver como en verano sobretodo recibían la visita de miles de turistas procedentes del norte de Europa buscando algo tan nuestro como son el sol y la playa. Se alzaron complejos hoteleros y grandes urbanizaciones, cuyas demandas energéticas eran muy elevadas. Esta avalancha de nueva demanda de electricidad supuso para la Hidroeléctrica del Chorro un desafío mastodóntico al tiempo que una oportunidad de la cual supieron sacar muchísimo provecho.

 

A partir de 1965, se inician las conversaciones para fusionar las principales empresas productoras de energia eléctrica, lo que se llevó a cabo en 1967 con la absorción por parte de Sevillana de Electricidad de Auxina e Hidroeléctrica del Chorro, cuyo nombré se perdió tras la absorción, resultando una empresa llamada y conocida hasta nuestros dias como Sevillana de Electricidad S.A.

 

La construcción del complejo hidroeléctrico del Chorro supuso, sobreto para la población aledaña, un revulsivo sin precedentes que permitió experimentar un impensable desarrollo en condiciones normales.

 

Anexas al salto hidroeléctrico, la familia Benjumea levanta varias instalaciones adjuntas que impulsaron la modernización de un enclave que vivía casi exclusivamente de la agricultura de subsistencia, el pastoreo, y a partir de finales del siglo XIX, también del ferrocarril.

El Chorro.

Debido a todas estas nuevas construcciones e infraestructuras, apoyadas por la parada de la estación de tren en El Chorro, este se transformó rápidamente en el centro neurálgico de referencia de todos los asentamientos colindantes, que tenían en el Chorro un pueblo que disponía de todos los servicios primarios imprescindibles.

El Caminito del Rey y su importante papel en el desarrollo local.

El Caminito del Rey como sendero de servicio.

 

Que la población del Chorro fuera durante el siglo XX un enclave aglutinador por lo que tenía de polo que suministraba servicios que otros pueblos no tenían, el Caminito del Rey tuvo también un papel muy destacado como infraestructura, que nunca mejor dicho, sirvió para tender puentes entre poblaciones de diversa procedencia. En su origen el caminito servía como vía de servicio para comunicar el pequeño azud de derivación con el que daba comienzo el canal de agua en la zona de Gaitanejo con el salto de agua del Chorro dejado atrás ya el tajo del Gran Gaitan.

 

Esta senda, si bien en un principio tuvo una función puramente funcional, como un elemento más de una obra, pronto adquirió una nueva dimensión y se "coló" en la vida cotidiana de los lugareños y vecinos de los alrededores. Una de las peculiaridades del pueblo del Chorro, es que parte de sus habitantes no residían en lo que comúnmente se conoce como pueblo, si no que habitan muchas de las cuevas dispersas por las diferentes montañas de la zona. La zona de Gaitanejo y el Desfiladero de los Gaitanes estaba habitada por varias familias, algunas de las cuales ejercían labores de mantenimiento del canal y del salto de agua, mientras las demás se dedicaban a la agricultura y/o pastoreo. Para estas familias diseminadas por estos bellos parajes, esta vía de servicio colgada a más de 100 metros sobre el suelo, sirvió como vía de comunicación ágil para acceder a los servicios más esenciales que sólo podían encontrar en el pueblo del Chorro.

 

Los trabajadores de la presa del Chorro.
 

Una vez que se finalizaron las obras de la presa del Chorro (más tarde llamada del Conde de Guadalhorce), buena parte de los obreros que trabajaron en la obra se asentaron definitivamente en el Chorro. El Caminito del Rey pronto alcanzó una dimensión que trascendía a la obra, facilitando por ejemplo el camino a la escuela de los niños, el aprovisionamiento de víveres a las mujeres y en general acercar a todas las poblaciones que rodeaban la zona del Chorro.

Fue muy habitual la estampa del trasiego diario de caminantes, que recorrían el caminito tanto de día como de noche, al contar con alumbrado propio. Aún hoy, si nos encontramos con personas de más edad, nos pueden contar con cariño y nostalgia como todo el mundo cruzaba el caminito bien andando, en burro o incluso en bicicleta. Las mujeres acuden al Chorro para proveerse de víveres, los más pequeños para hacer mandados o acudir a la escuela, y los hombres iban a la cantina a la hora de comer. Una veces el caminito era la excusa para dar un paseo; otras era una forma de acortar el ansiado paseo para ver a la persona amada. En definitiva, el caminito se impregnó de lleno en la vida de los pobladores, cuya forma de vida vinculada al caminito creó un lazo indisoluble.

 
El deterioro del Caminito y la necesidad de recuperarlo.
 

Hasta hace muy poco, el caminito era un herido en estado comatoso. La acción de la naturaleza, y la inacción del hombre en las labores de mantenimiento llevaron a esta senda a un estado de ruina casi irrecuperable.

Cruzar el Caminito del Rey se volvió una tarea imposible, excepto para aquellos más temerarios que se jugaban tontamente la vida cruzando y grabando una supuesta hazaña. La desaparición completa del caminito hubiera supuesto dejar que las ruinas del mismo engulleran con él siglos de memoria e historia.

 
Las obras de recuperación del Caminito.
 

Rescatar el Caminito del Rey no conlleva tan solo devolver al Chorro un activo muy potente para el turismo. Significa al mismo tiempo devolver la memoria a muchas personas que aún recuerdan como desde hace décadas, esta senda tan singular se convirtió en un eje vertebrador de la cotidianeidad diaria.

Por todo ello, no faltaron razones para que la Diputación de Málaga, de la mano de los ayuntamientos de Ardales, Antequera y Álora por los que discurre la senda, la Junta de Andalucía y varios Ministerios, tomaron la firme decisión de dar comienzo a un ambicioso proyecto de recuperación, consumado en febrero de 2014 con la firma del contrato que daba luz verde a las empresas de rehabilitación, que concluyeron su labor en marzo de 2015.

bottom of page