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Cosas que ver y hacer en el Valle de Abdalajís

VALLE DE ABDALAJÍS

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El Valle de Abdalajís es un pueblo de la provincia de Málaga, ubicado al Norte del Valle del Guadalhorce, unos 18 km al sur de Antequera. Los oriundos de este municipio son conocidos con el gentilicio de vallesteros. En 2022 el Valle de Abdalajís contaba con 2473 habitantes, de los cuales 1245 son hombres y 1228 mujeres. La superficie del pueblo es de 21,4 km2, tiene una densidad de población de 135 habitantes por kilómetro cuadrado y se encuentra a una altura de 358 metros sobre el nivel del mar.

El Valle tiene su origen en la villa romana de Nescania, aunque abundantes restos arqueológicos dan fe que anteriormente a los romanos, otros habitantes ocuparon esa zona. En términos geográficos cabe destacar la Sierra de Abdalajís. Tiene un club de fútbol, el Valle de Abdalajís UD, que milita en tercera regional de Andalucía.

HISTORIA DEL VALLE DE ABDALAJÍS.

Desde los remotos tiempos prehistóricos, el Valle de Abdalajís ha sido la más importante de las rutas de comunicación entre el litoral malagueño con la Vega de Antequera. Ello le ha supuesto al Valle de Abdalajis alzarse como uno de los principales bastiones andaluces en lo que a yacimientos arqueológicos de naturaleza consumible se refiere (monedas y restos de útiles cerámicos y de piedra).

Historia del Valle de Abdalajís: Paleolítico y Neolítico.

A lo largo de todo el curso cronológico que engloba la Prehistoria, han sido abundantes las agrupaciones de seres humanos y asentamientos diversos que han dejado su marca en el municipio que hoy conocemos como el Valle de Abdalajís.

A lo largo de los milenios, hordas de cazadores-recolectores se movían de manera continuada siguiendo el ritmo de las estaciones, desde el Valle, hasta la costa y viceversa.

Diversos estudios permiten aseverar que el periodo Neolítico se inició en esta zona en el 5000 a.C, al tiempo que la agricultura y la ganadería permanente se consolidan definitivamente.

Sin embargo, las evidencias puramente arqueológicas en la zona son de muy escasa relevancia, lamentablemente, ya que aún no se han encontrado restos en forma de abrigo, cuevas o cavidades que pudiesen haber servido como prueba indiscutible del sedentarismo poblacional en estos parajes. A mayor abundamiento, la abundante explotación agrícola que se ha realizado en las terrazas cercanas a los manantiales puede haber sido la causa de que se hayan destruídos restos arqueológicos de mayor envergadura, pero eso sí, sin desconsiderar los abundantes restos arqueológicos que se pueden atribuir a estos periodos.

Historia del Valle de Abdalajís: Edad de los Metales y mundo Ibérico.

La llegada a las costas malagueñas de avanzadas civilizaciones como la fenicia o la griega, impulsó una profunda transformación en las poblaciones de este territorio en el primer milenio a.C.

El intenso flujo comercial que comienzan a experimentar los asentamientos al Norte de la Vega de Antequera y el litoral malacitano, conlleva que el control de las rutas comerciales adquieran cada vez más relevancia estratégica, por lo que que empiezan a surgir empalizadas, bastiones y fortificaciones para tomar el control de esta ruta natural que conecta Tartesso con Malaka.

En el museo municipal del Valle de Abdalajís podemos contemplar objetos arqueológicos que pertenecieron a los pueblos tartésicos, fenicio-púnicos, griegos e ibéricos de esta época. El enclave más relevante en lo que a yacimientos arqueológicos se refiere lo encontraremos en el Nacimiento y Cerro del Castillo, no solo por lo abundantes que son, si no por la continuidad cronológica de los mismos, que permiten trazar un lienzo histórico consistente desde el Paleolítico hasta el mundo árabe.

La sociedad ibérica de estos parajes se organizaba de forma muy jerarquizada, como corresponde a todas las sociedades donde la supervivencia era muy precaria, y será el Cerro del Castillo el promontorio central donde se irguió la fortaleza principal desde la que se divisaba todo el terreno y se controlaban otros puntos estratégicos menores como atalayas, torres de vigilancia o necrópolis.

Los restos arqueológicos atestiguan que en el Cerro Tozaire, ubicado en los aledaños del Valle de Abdalajís, al pie del Arroyo de las Piedras y otros cauces de agua que manan de la sierra se erigió un destacado centro religioso, un auténtico Santuario Ibérico. Este lugar de culto prestaba reverencia a entidades espirituales relacionadas con la fertilidad y la sanación empleando en los ritos plantas medicinales y agua a la que se le atribuían propiedades místicas. Aunque no ha sido posible determinar la ubicación exacta de este importante enclave, el hallazgo de numerosos exvotos de bronce y decenas de monedas de diferentes momentos cronológicos que llegan a la época romana nos permiten inducir la existencia del mismo.

A lo largo del siglo IIIa.C, el paso por esta zona adquiere una dimensión aún más importante que se une a la comercial, la bélica, pues esta será una vía de paso militar en el contexto de las guerras púnicas que enfrentaron a Roma y Cartago Nova. Los ejércitos comandados por el célebre general cartaginés, Anibal Barca, pasan por esta zona en su viaje que le llevará a cruzar los Alpes para así poder asediar a la ciudad de Roma. El Cerro del Castillo se constituye así como una fortaleza de cuya vigilancia nada escapa.

Aunque la historia ha estudiado muy de cerca las avanzadas técnicas militares de los cartagineses, estos fueron finalmente destruídos por Roma, que tomó por completo a la Península Ibérica, siendo este un periodo de especial esplendor para este municipio, que por aquel entonces adoptó el nombre de Nescania, de raíz indígena.

Historia del Valle de Abdalajís: Época Romana.

La toma de la Península Ibérica por parte de Roma, no es relevante por lo que tuvo de ocupación política, si no porque verdaderamente, Roma logró imprimir un cambio cultural y de mentalidad en toda Hispania, que absorbe con celeridad todo el imaginario romano desde el punto de vista económico, cultural y religioso.

 

La llegada de Roma conlleva igualmente un periodo de relativa paz y calma, por lo que no son necesarias las fortificaciones existentes, y los hispanos descienden de las zonas elevadas y se desparraman por las llanuras y valles.

 

El Cerro del Castillo y las demás fortificaciones son abandonadas, y los iberos se asientan en lo que hoy conocemos como Valle de Abdalajis, en una nueva ciudad romana llamada Nescania.

 

Lo que era el cauce natural del Arroyo de las Piedra se transforma en una calzada romana que unirá Singilia Barba (Antequera), Nescania (Valle de Abdalajís), Iluro (Álora), Cartima (Cártama) y Malaka (Málaga). Los abundantes restos arqueológicos así como hallazgos epigráficos han permitido a historiadores y arqueólogos reconstruir la presencia romana en este municipio.

 

Como toda ciudad romana, Nescania contaba con su propio Foro, un templo dedicado al Dios supremo, Júpiter, termas, villas, hornos, molinos y necrópolis. Uno de los hitos más relevantes del Valle de Abdalajís, no solo por el significado histórico que representa, sino también por la especial predilección que los ballesteros demuestran hacia este monumento, es La Peana. Se trata de un monolito de piedra caliza que en su momento sirvió como base para erigir una estatua a mayor gloria del emperador Trajano en el 104 d.C. De la propiedades curativas que los lugareños atribuían a las aguas de los manantiales del Valle da fe un tal Lucio Póstumo Satulio que ofrendó un ara a la Fuente Divina la cual supuestamente contribuyó decisivamente a curarle el mal que padecía.

 

Un momento de histórica relevancia para Hispania y todo su territorio y poblaciones, fue la concesión a esta del ius Latii (el Derecho Latino), en el 74 d.C. lo que permitia a todas las poblaciones organizarse a imagen y semejanza que todos los municipios italianos, con todos sus derechos, privilegios y obligaciones. Nescania se convierte entonces en un Municipio Flavio, incorporándose a la Tribu Quirina, de cuya mano viviría el periodo de mayor esplendor conocido hasta ese momento.

 

Con el advenimiento de la decadencia del periodo del Imperio Romano, durante el siglo III a.C. se produce un periodo de ruralizacion en detrimento de las ciudades y municipios

 

​Con la caida del Imperio Romano y las subsiguientes invasiones germánicas, Nescania queda totalmente despoblada en siglo IV d.C. Los pobladores empiezan a concentrarse en reducidas agrupaciones rurales de subsistencia, modelo este, que en mayor o menor medida, perdurará durante toda la época Visigoda y Árabe.

Historia del Valle de Abdalajís: Edad Media.

La Edad Media, también llamada Edad Oscura por lo que tuvo, en algunos aspectos, de retroceso en relaciones a los tiempos que le precedieron, y también por la dificultad de trazar los hechos históricos que la conforma, es algo que también afecta al Valle de Abdalajís. Los arqueólogos no han sido capaces de hallar sobre Nescania, restos de ninguna población. Por el contrario, sí se han encontrado yacimientos, hasta siete, en este territorio, además de abundantes restos esparcidos un poco por todo el municipio.

Por ejemplo, en el Nacimiento encontramos desde restos de la época de los emiratos hasta la etapa nazarí, relacionados principalmente con la agricultura, hasta hallazgos militares y de naturaleza defensiva en el Cerro del Castillo y la Torrecilla. En este periodo, los habitantes del Valle y la Sierra sobrevivían agrupados en pequeños poblados agrícolas y cortijos dedicados a la ganadería.

Textos árabes atestiguan que en el año 904 d.C., el Emirato Omeya de Córdoba, a cuyo mando estaba el príncipe Abdelaziz, dirigen una feroz campaña contra el no menos feroz rebelde mozárabe Omar ben Hafsún, que desde las Mesas de Villaverde lideró durante más de 50 años la más peligrosa y articulada insurgencia contra el Emirato de los Omeyas de Córdoba. Camino del "Nido de Águilas", las tropas de Córdoba hicieron noche en WadiÌ NisqaÌniya, ruinas de la ciudad romana Nescania, arrasando con todo lo que se encontraban a su paso. Los testimonios históricos de estos acontecimientos dan fe de la importancia que la Sierra y el Valle de Abdalajís tuvieron en el enfrentamiento entre el rebelde mozárabe Omar ben Hafsún contra los Omeyas de Córdoba.

Es en la tardía época nazarí cuando Nescania adopta el nombre de Valle de Abdalajís, ya que este viene del nombre propio arabe Abd al-Aziz, que alude a Abd al-Aziz ibn Musa, que fue el primigenio Emir de Al-Andalus, y que durante un breve periodo de tiempo habitó estas tierras. Antes de que el nombre Valle de Abdalajis se consolidara definitivamente, este paraje era conocido como Sierra de Audalaxis, Partido de Audalaxis y Cortijo de Audalaxis.

Ya en la época de la reconquista cristiana, el rol estratégico que el Valle del Guadalhorce tuvo en su dia se recupera, y el símbolo de lo dicho anteriormente lo constituye el hecho de que en el Cerro del Castillo, en su punto más álgido, se erigió una torre que formaba parte del nudo defensivo de Antequera. Esta fortificación tenía el nombre de Hisn al-Mara, cuyo significado en español es Castillo de la Mujer. Esta fortaleza fue tomada por D. Fernando, en 1410, a raíz de la reconquista de Antequera. En 1497, fue finalmente demolida por los Reyes Católicos.

Historia del Valle de Abdalajís: Edad Moderna y Contemporanea.

Los Reyes Católicos dieron órdenes para que las tierras de Antequera  se repartieran en 1493. El vecino más agraciado con el reparto de tierras fue el de Antequera, que respondía al nombre de Juan de Eslava, escudero de la guardia de la ciudad y su alcalde, como recompensa por los excelentes servicios que prestó y las heridas que recibió a raíz de la lucha contra el Reino de Granada. Estas tierras, con otras que se fueron progresivamente anexionando, darían forma al territorio que hoy conocemos como la villa del Valle de Abdalajís. Juan Eslava, que sólo dejó una descendiente, Ana, que a su vez se casó con el Alcaide de Monturque y teniente de Alcaide de Antequera, Alonso Perez de Padilla. Este matrimonio pidió el Mayorazgo de las tierras del Valle de Audalaxis, el cual le fue concedido en 1519 por la reina Dona Juana.

De esta unión nacieron Juan y Lorenzo de Padilla y Eslava. El primogénito heredó el mayorazgo, mientras que el menor siguió la llamada de la vocación religiosa, llegando a ser Arcediano de la Iglesia de Ronda y canónigo de la catedral de Málaga.

Era escasa la población del Valle, que ocupaba el territorio de manera muy esparcida y alrededor de cortijos distantes los unos de los otros. En la década de 1540, Lorenzo Padilla construyó un conjunto de caseríos para que los habitaran sus renteros, y que recibieron popularmente el nombre de Caserío del Arcediano. En los años venideros, los caseríos vieron aumentada su área fruto del reparto de solares entre otras familias para que alzaran nuevas moradas. El mismo Lorenzo, con fondos propios, dispuso la construcción de la Iglesia, que bajo el patrocinio de su nombre, San Lorenzo, es el motivo de la celebración de las Fiestas de San Lorenzo durante el mes de Agosto.

En los estertores del siglo XVIII, el pueblo del Valle de Abdalajís va adquiriendo cuerpo, y se fue configurando el primer trazado urbanístico, donde ya podemos encontrar la plaza pública, Calle Real, Calle Alameda, Calle Fresca, Barrio del Medio (Carrimedio), Castillejo, Callejón y Calle Albaicín. Fue Fernando VI el que concediera a D. Baltasar Mesia de Varga, marido de la heredera de las tierras del Valle de Abdalajis, el título de Conde de los Corbos.

En el año 1811, el señorío de Abdalajis que estaba en mano de Jose Mesia de Vargas y Cañas, III Conde de los Corbos y IX Señor de Abdalajís, llega a su fin tras la abolición de los señoríos en 1811 por las cortes de Cádiz. El hijo de D. José Mesia, Isidro Mesia de Vargas y Pifarry, heredero del título de conde de los Corbos, fue el último de los Padilla que habitó la casa-palacio del pueblo.

A lo largo de los 2 siglos y medio que duró el señorío, toda la producción económica de la zona se asentaba predominantemente en torno a la agricultura y ganadería. Los estamentos sociales venían definidos por la propiedad, y se dividía en propietarios, arrendatarios, artesanos y jornaleros. El amanuense, el párroco, el galeno y algun vecino de nivel cultural elevado, formaban parte de los altos estamentos de la sociedad.

A partir del siglo XIX se produce el desarrollo urbanístico y social, hasta llegar al nivel de desarrollo actual. Un municipio donde se puede disfrutar, codo a codo con sus acogedores habitantes, de su historia y de su gran patrimonio natural y gastronómico.

Historia del Valle de Abdalajís: Guerra Civil, Dictadura y Transición

​El Valle de Abdalajís cayó del lado republicano cuando dio comienzo la Guerra Civil. Su prominente sierra sirvió de muralla natural de contención ante el avance de las tropas franquistas hacia Málaga entre julio de 1936 y febrero de 1937, en un momento en el que 3000 soldados, bajo las órdenes de un comandante italiano, toman el control para el bando nacional de la carretera que une Antequera con el Valle de Abdalajís.

 

El Valle cae oficialmente en manos nacionales el 7 de febrero de 1937, de lo cual dejó constancia escrita el mando castrense Queipo de Llano.

 

La represión franquista, como en tantos otros puntos de España, fue inmisericorde, dejando casi 100 fusilados. Muchos ballesteros, ocultos en la sierra de, trataron de huir de la represalia nacional. Símbolo de esta resistencia es la partida de "Los Pateletes", comandada por los hermanos José y Juan Castillo Vera), que establecieron su centro de operaciones en la Sierra del Hacho. Tras el fallecimiento de ambos hermanos en enero de 1947, uno en una escaramuza cercana a Álora y otro en una ratonera que le prepararon cerca de Antequera, la partida se disgrega, y algunos  miembros (que llevan refugiados en la sierra durante años) se entregan al bando nacional mientras otros se integran en otras partidas.

 

Tal es el caso de Diego "El de la Justa", guerrillero que se alzó en símbolo de la resistencia ante la injusticia social de aquella época y que se refugió igualmente en la Sierra. Diego nació en Teba (Málaga), y era un jornalero sin ninguna adscripción laboral bien definida, y que tuvo que huir del cacique del pueblo, Pablo Ramos, a cuenta de la disputa por unas lindes de unos terrenos. Diego, hombre apreciado en la zona y bien relacionado con los cortijero por su fama de hombre laborioso, logró obtener el suficiente apoyo para practicar una guerra de guerrillas durante 9 años, hasta que finalmente fue derrotada a finales de mayo de 1940, cercado por las fuerzas del orden y miembros de la guardia civil.

 

Al finalizar la Guerra Civil, el Valle, como toda España, se somete al yugo dictatorial de Franco, y el pueblo sufre un gran vacío social fruto de las rencillas que dejaron los enfrentamientos entre los propios vecinos. El municipio sufrió graves daños en su iglesia, además de otras en infraestructuras de comunicación así como la destrucción de muchas de sus casas. No faltan en el pueblo las infelizmente famosas fosas comunes, donde yacen muchos cuerpos sin identificar. Algunas de estas fosas están reconocidas, aunque no se ha realizado ninguna labor con vistas a descubrir la identidad de los cuerpos. De todo este fenómeno bebe la película "Le mur des oublies", de producción galesa y dirigida por un hijo de vallestero, Joseph Gordillo, y que se alzó con el premio "Fuera Fronteras" en el Festival del Documental Clermont-Ferrand.

 

Las primeras elecciones municipales democráticas otorgaron la victoria al PCE, cuya ideología de izquierda estaba en sintonía con la mayoría de municipios del interior de la provincia, que también eligieron alcaldes de izquierda, fueran del PSOE o el PCE.

COSAS QUE HACER EN EL VALLE DE ABDALAJÍS.

1. Convento Residencia San José de la Montaña.

Ana Josefa Pérez Florido (conocida más adelante con el nombre de Madre Petra de San José) vino al mundo el 7 de diciembre de 1845. Durante 5 años consagró su vida a cuidar de los ancianos más vulnerables del Valle de Abdalajís, para posteriormente fundar en Málaga la Congregación de Madres Desamparadas y San José de la Montaña en 1880. Su primigenia comunidad fundacional contó con tres vallesteras más: Frasquita Bravo Muñoz (Madre Magdalena de San José), su hermana Isabel Bravo Muñoz (Madre Natividad de San José), y Rafaela Conejo Muñoz (Madre Trinidad de San José). Frasquita y Rafaela sucedieron a Madre Petra como lideresas de la Congregación.

La Madre Petra alcanzó a fundar hasta 10 Casas, antes de fallecer en la Ciudad Condal el 16 de agosto de 1906, doliente y extenuada tras una vida entera dedicada a cuidar a los demás sin medir fuerzas o recursos. Su halo de santidad y las muchas obras atribuidas a sus intersecciones alumbraron un proceso de Beatificación y Canonización en 1932. Pablo VI, el 14 de junio, aprobó sus heroicas virtudes; el 16 de octubre de 1994, Juan Pablo II la beatificó en Roma.

A día de hoy la congregación se ha extendido a siete países de América del Sur, amén de las Casas existentes en España e Italia, donde lleva a cabo su ejercicio apostólico y labor social allá donde se encuentren colectivos vulnerables, tales como ancianos, niños sin hogar, mujeres maltratadas, que son atendidos en Residencias, Colegios, Misiones, Guarderías y Casas de Espiritualidad.

El Convento y Residencias de Ancianos del Valle de Abdalajís se fundó en 1917 en la misma Casa donde nació la Madre Petra, por la también vallestera Madre Trinidad de San José. A fecha de hoy se trata de una edificación totalmente rehabilitada y equipada para dar la adecuada atención a más de 70 octogenarios.

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2. Iglesia de San Lorenzo Mártir.

Estamos ante un templo de relevante valor arquitectónico, de 3 naves, y que fue terminado en 1559 siendo objeto de una profunda restauración en el siglo XVIII. El altar lo preside un crucifijo de muy bella factura justo encima del Sagrario, flanqueado por dos imágenes del nacimiento del niño Jesús y su huída a Egipto. A ambos lados del presbiterio tenemos una imagen del Resucitado, adquirida el 2001, y en su lateral está el Camarín de la Patrona del Valle, la Virgen de los Dolores, que goza de mucha predicación en el Valle.

 

En el otro lado luce la imagen de Madre Petra de San José, nacida en el Valle de Abdalajís, y la que el papa Juan Pablo II beatificó en 1994. En la nave central de la iglesia, se encuentra la imagen del patrón del pueblo, San Lorenzo Mártir, emplazado frente a la imagen de San José, la Virgen del Carmen y Santa Rita. En la otra nave podemos contemplar la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno con el Cireneo ayudando a cargar la cruz.

La iglesia se encuentra anexada a la morada del Conde de los Corbos, fundadores de la villa de Abdalajís. Allí destaca la torre, donde se encuentran las campanas llamadas Virgen de los Dolores y Padre Jesus Nazareno, restauradas hace 25 años mientras que las demás campanas se perdieron y nunca fueron recuperadas. En el año 2002 se compraron las dos campanas que desaparecieron, con el objeto de rellenar los espacios vacíos de la torre, recibiendo los nombres de San Lorenzo y Cristo de la Sierra.

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3. Ermita del Santo Cristo de la Sierra.

En el punto más elevado del municipio, en plena Sierra de Abdalajís, se halla la Ermita del Cristo de la Sierra. La Ermita fue objeto de una profunda reconstrucción en el año 1954, con el objeto de servir de modesto abrigo para el Santísimo Cristo de la Sierra. La Ermita fue originalmente construida en el siglo XVIII y se sabe que fue objeto de varias remodelaciones. Consta de un único edificio en el que se encuentra la capilla del Santísimo Cristo de la Sierra. El recorrido de acceso a la Ermita es de una bella factura en lo que toca al paisaje, y se inicia partiendo de la calle del Calvario. Una vez alcanzada la Ermita podremos deleitarnos con unas bellas vistas de todo el Valle.

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4. Fuente de Arriba.

Está emplazada en la Plaza de la Virgen de los Dolores, donde el agua mana de dos anchos caños de bronce, que se encuentran encastrados en una pared hecha con piedra caliza autóctona, al igual que el pilar. El agua sobrante se vierte a una reja de evacuación cuyos conductos transcurren bajo la plaza hasta llegar al Convento de Madre Petra, donde, antiguamente, la fuerza del agua servía para mover un molino de aceite. Se trata de la fuente más antigua del municipio, pues existen registros que atestiguan que ya desde 1539 se la llamaba Fuente del Nogal. El acuífero del cual se nutre la fuente nace en una calle trasera, y en momentos de lluvias torrenciales el agua manaba de manera espectacular. La tradición popular reza que cuando el agua fluía por la pendiente de la calle durante todo un día sin interrupción era señal de que las lluvias seguirían durante al menos un día más.

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5. Mirador del Gangarro.

Desde la ubicación de la Ermita Cristo de la Sierra podemos acceder al Mirador del Gangarro, mediante unas empinadas escaleras hechas de piedra caliza. Desde el mirador podemos deleitarnos con unas bellas panorámicas del paisaje circundante del Valle de Abdalajís y su entorno. Habrá que subir 181 escalones, irregulares los primeros 92 y más homogéneos y estrechos los demás 89.

Para alcanzar este mirador, partiendo de la Estación del Chorro, dejando atrás el Hotel La Garganta (carretera MA-5403), y recorriendo unos 500 metros, veremos unas pequeñas casas blancas conocidas como "La Almona" y al indicador Valle de Abdalajís. A partir de este punto la carretera se empina, flanqueada por recios algarrobos y olivos de sierra, en un recorrido enrevesado desde donde podemos vislumbrar el Embalse, tajos y sierras..., siempre bajo la atenta mirada de la Chimenea de la presa del Tajo de la Encantada, hasta que arribamos a un puerto para bajar posteriormente a dos caseríos "El Viso" con la desviación (Alora/Valle de Abdalajís) y la "Hera" (carretera MA-440), que tras 4 kilómetros de descenso nos conduce hasta el Valle de Abdalajis.

Tomando la Calle Sierra llegamos a un arco blanqueado desde donde nace la rampa con escalones que nos lleva a la Ermita del Santo Cristo de la Sierra (reconstruida en 1954 y originaria del siglo XVIII), en cuyo interior encontramos la imagen del patrón del Valle, San Lorenzo Mártir. Desde este punto, también conocido como cerro del Picacho, sale una empinada escalera que nos lleva definitivamente hasta el mirador de Gangarro.

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6. Los Lavaderos.

Situado en las afueras del Municipio, camino de Antequera, nos deparamos con los lavaderos. Las aguas alimentan el lavadero son las mismas que abastecen la cercana fuente de la Reina. Aquellos emanan en una poza con forma de rectángulo rodeados por cuatro piedras de lavar a ras de suelo a ambos lados. Si nos acercamos con cuidado se pueden apreciar dos grandes barbos que asoman sus bocas bajo la piedra para procurarse alimento.

Es el lavadero más antiguo y famoso del municipio. Antaño era muy visitado por las lavanderas, que lavaban allí la ropa durante todo el año. Hoy, al verlo, solitario, se nos hace difícil imaginarse el trajín del que era objeto en otros tiempos. En la actualidad se ha restaurado con fines meramente recreativos. A unos 50 metros, bajo la sombra de unos eucaliptos, nos encontramos con el conocido restaurante de la zona Los Atanores.

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7. La Peana.

Todo un símbolo del que se enorgullecen los vecinos vallesteros. Se trata de una pieza de valor arqueológico e histórico de considerable importancia. Es un monolito de piedra caliza, labrado con forma de paralepípedo que estaba destinado, según apuntan todos los indicios, para soportar el peso de una estatua creada a mayor gloria del emperador romano Trajano. En la base de la estatua se puede leer una inscripción del año 104 dedicada al emperador por los nescanienses. La pieza original se conserva en el Museo Municipal, mientras que en la Plaza San Lorenzo, punto de encuentro de los vallesteros, podemos contemplar una réplica.

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8. Palacio de los Condes de Corbo.

El palacio data del siglo XVI, y sin que haya sido objeto de importantes restauraciones, el estado de conservación actual es bastante bueno.

Se construyó como morada del sexto Conde de los Corbos, D. Isidro Mesia de Vargas y Cañas. Y allí siguieron residiendo sus descendientes, hasta que en 1880 falleció el último Padilla que tenía raigambre con el municipio.

A día de hoy es posible visitar su interior y observar en sus dependencias y aposentos los utensilios y elementos decorativos que pertenecieron al último conde.

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9. Museo Etnográfico del Valle de Abdalajís.

El museo municipal del Valle de Abdalajís da cobijo a una importante colección de restos arqueológicos originarios de los yacimientos que nos permiten realizar un recorrido de los pueblos y culturas que han ido dejando su poso y su sello en el pueblo a lo largo de los siglos.

Pulseras, ánforas, bustos, monedas o arcas funerarias son solamente alguno de los pequeños tesoros que atestiguan la importante herencia histórica del municipio. A la colección permanente, le acompañan de manera periódica colecciones temporales que sirven para enriquecer la visión de la cultura, costumbre y entorno natural y paisajístico del Valle de Abdalajis.

Está abierto de martes a domingo, excepto los dias 25 de diciembre y 1 de enero.

Horarios:

- Otoño, invierno y primavera: de 09:00h-13:00h y de 16:00h- 20:00h.
- Verano: Todos los días de: de 10:00h-14:00h y de 17:00h-21:00h.

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10. Lobo Park.

En Lobo Park tendrás el privilegio de observar y comprender cómo funciona la dinámica de una manada de lobos, una de las especies más sociales y mejor organizadas del reino animal. El parque cuenta con 400000m2 de terreno para que los lobos puedan vivir en el estado más libre posible. Sus fundadores, en el año 2002, fueron Daniel Weigend y Alexandra Stieber, fruto de una iniciativa privada. Su apertura al público se produjo en el año 2004 para que los visitantes pudieran disfrutar de estos magníficos animales, así como conocer de primera mano sus conductas, hábitos de vida, así como a distinguir unas especies de otras.

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11. Escalada en el Valle de Abdalajís.

La enorme mole de piedra caliza en forma de pared vertical que es en realidad las Sierra de Abdalajís, nos permite aventurarnos por 4 zonas de escalada divididas en 11 sectores, en los cuales encontraremos hasta 111 vías. En lo que atañe a la altura de las vías, la media oscila en torno a los 25 metros, siendo 35 metros el punto más alto. La práctica totalidad de las vías se mueven en un grado de dificultad entre medio y bajo. Uno de los puntos más favorables de realizar escalada en el Valle de Abdalajís es el amplio abanico de estaciones en el cual podremos disfrutar de estas paredes, ya que se puede escalar en Primavera, Otoño e Invierno, y en algunos sectores incluso en Verano. Una vez que se llega al municipio existe una buena señalización sobre los caminos que nos llevan a las zonas de escalada, así como sitios para aparcar el coche.

Para saberlo todo sobre Escalada en el Valle de Abdalajís, pincha aqui.

Estas son todas las zonas de escalada:

  1. Zona de la Huerta:

    1. Sector el Dado

    2. Sector Verdonia

    3. Sector el Árbol

    4. Sector Alamut

  2. Zona de la Carretera:

    1. Sector Carretera

    2. Sector Lavaderos

  3. Zona del Higuerón:

    1. Sector Higuerón

  4. Zona del Nacimiento:

    1. Sector Cantera

    2. Sector Diagonal y Fisura

    3. Sector Central

    4. Sector Escalón

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12. Senderismo en el Valle de Abdalajís.

El paraje del Valle de Abdalajís se presenta con un perfil de relieve escarpado y montañoso, excepción hecha de algunas zonas con formas más suaves y la zona del valle conformado por el Arroyo de las Piedras.

La formación de La Sierra del Valle de Abdalajis se remonta a la época jurásica, y es poseedora de destacables formaciones kársticas, tales como lenares, torcas, hondonadas, cavernas, cuevas y grutas. En lo referente a su altura, destacan el pico Huma (de 1191 metros); el pico Capilla (1186 metros); y el pico Charcón (1015 metros).

La cantidad de sendas, caminos y pasajes se arremolinan a lo largo de toda la orografía, y ofrece al senderista contemplar una parte muy importante del Valle de Guadalhorce. Además, con un poco de suerte podrá atisbar la belleza de su fauna salvaje, principalmente las águilas, buitres y cabras montesas.

Por el Valle de Abdalajís discurren tres senderos con categoría de gran recorrido:

 

  • Sendero GR7/Sendero Europe E4. Es el mayor de todo el continente europeo. Principia en Atenas y muere en Tarifa.

  • La Gran Senda de Málaga, que transcurre a través de los picos de Huma y Sierra de Abdalajís así como los embalses de Guadalhorce y Guadalteba.

  • La Vía de los Almorávides y Almohades, que están catalogadas en las Rutas del Legado Andalusí.

Si nos fijamos en rutas de senderismo que discurren exclusivamente por el municipio del Valle de Abdalajís, la Federación Andaluza de Senderismo tiene reconocidos tres:

Aun no estando catalogadas oficialmente, en el Valle podremos disfrutar de muchas rutas alternativas que nos llevan a recorrer todos los recovecos de este bello paraje silvestre. Abajo tienes los enlaces de todos ellos con toda la informacion necesaria para recorrerlos con total seguridad.

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COSAS QUE VER Y HACER EN EL VALLE DE ABDALAJÍS

SITIOS DE INTERÉS CERCA DEL VALLE DE ABDALAJÍS.