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Cosas que ver y hacer en Antequera

ANTEQUERA

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Antequera tiene la categoría de ciudad y es un municipio de la provincia de Málaga, en Andalucía. Está ubicada en la zona norte de la provincia. Es el centro de la comarca que lleva su nombre y es cabeza de partido.

 

En el año 2022 Antequera tenía una población de 41184 habitantes. Antequera tiene una superficie de 749,34 km2 y una densidad de 55,82 habitantes por kilómetros cuadrados. La altitud media de Antequera es de 575 metros sobre el nivel del mar. Ateniéndonos a su población, Antequera es la primera localidad del interior de Málaga, así como es la más grande en lo que toca a su superficie, ocupando la posición 24 en el total de España. La situación de Antequera es totalmente estratégica, ya que está enclavada prácticamente en el centro de Andalucía, donde se encuentran las carreteras que unen Málaga con Córdoba, Granada y Sevilla, y de ahí le viene el nombre de "Cruce de caminos". Antequera se halla a 45 kilómetros de Málaga y a 115 de Córdoba. Con ambas ciudades está comunicada por autovías y el AVE. De Sevilla dista 160 kilómetros, y de Granada, 102. Con estas 2 ciudades también está conectada por la autovía A-92 y por el AVE.

 

Antequera es una plataforma logística de primer nivel en Andalucía, contando con 4 aeropuertos situados a 1 hora de distancia. Cuenta con diversos parques empresariales y un Gran Centro Logístico de Andalucía. Por su parte, la famosa Vega Antequerana, bañada por el río Guadalhorce, es una zona muy fértil en lo que toca a la agricultura, y abastece a toda España de cereales, aceite de oliva y hortalizas.

 

El nombre de Antequera procede de Anticaria, antiguo topónimo romano, que mutó en Antaquira en arabe. Diversos yacimientos arqueológicos permiten afirmar que la zona estuvo habitada desde hace más de 6000 años. De su larga historia se conserva un rico patrimonio arqueológico y arquitectónico, entre los que destacan los Dólmenes de Menga, Viera y El Romeral, así como abundantes iglesias, conventos y palacetes de diferentes estilos y épocas. En lo que atañe a sus parajes naturales el Torcal de Antequera destaca sobremanera, por las caprichosas formas que adoptan las rocas calizas, que dan forma a uno de los paisajes kársticos más relevantes de Europa.

 

Este espacio natural, con los dólmenes de Menga, Viera, El Romeral y el Peñón de los Enamorados, dan lugar al denominado Sitio de los Dólmenes de Antequera, que en 2016 fue declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO.

 

​Antequera fue centro neurálgico del nacionalismo andaluz, donde se redactó la Constitución Federal de Antequera en 1883, y se acordó el Pacto Autonómico de Antequera de 1978, que fue un paso esencial que desemboco en la constitucion de la Comunidad Autonoma de Andalucia. Es proverbial la histórica reivindicación de Antequera para ser sede del gobierno andaluz, guerra esta que tiene más que perdida ante Sevilla desde hace décadas.

HISTORIA DE ANTEQUERA

Desde los remotos tiempos prehistóricos, el Valle de Abdalajís ha sido la más importante de las rutas de comunicación entre el litoral malagueño con la Vega de Antequera. Ello le ha supuesto al Valle de Abdalajis alzarse como uno de los principales bastiones andaluces en lo que a yacimientos arqueológicos de naturaleza consumible se refiere (monedas y restos de útiles cerámicos y de piedra).

Historia de Antequera: Prehistoria.

La fundación de Antequera está conectada al nacimiento del municipio romano Anticaria. Los restos arqueológicos dan fe de la presencia de civilizaciones prehistóricas entre los años 2000 y 2500 a.C. Otros estudios fechan la presencia de restos que atestiguarían la presencia del hombre hace más de 4000 años. Los restos que sin duda son más relevantes en este sentido son los afamados Dólmenes de Menga, Viera, Tholos del Romeral y la necrópolis de Alcaide. Los tres primeros están muy cerca del casco urbano de la ciudad, mientras que la necrópolis está más cerca de Villanueva de Algaidas. El conjunto dolménico prehistórico está considerado el mejor de España, siendo el dolmen de Menga su principal exponente, que es un verdadero tótem de la etapa megalítica en toda la península ibérica.

Historia de Antequera: Edad antigua.

Existe un cierto vacío de evidencias entre la etapa prehistórica y el patrimonio romano. Sin embargo, no tanto como para excluir la posibilidad de posibles asentamientos de iberos, tartesios, fenicios y cartagineses. De todas estas civilizaciones, de la que no queda ninguna duda es la presencia del pueblo liderado por el mítico general Anibal, gracias a las cerámicas y tumbas que se excavaron en Cerro León, que fue el escenario de la batalla entre Asdrubal y los legionarios romanos. Durante el periodo romano, su cultura se impuso con facilidad así como la lengua, el latín. Durante la época romana, Anticaria fue un importante centro comercial, conocido ya por aquel entonces por su increíble aceite de oliva. Igualmente, se deben a los romanos igualmente los baños, enclavados en el suroeste de la ciudad, y la escultura del Efebo de Antequera, fechada en el siglo I d.C.

Historia de Antequera: Edad media.

La llegada de los germanos del norte estuvo marcada por la destrucción de gran parte del legado romano. Pasto de las llamas fueron Anticaria, Singilia, Nescania (actual Valle de Abdalajís), Osqua y Aratispi. Sin embargo, en el caso de Singilia se encontraron hallazgos que permiten aseverar que estuvo ocupada durante la época de ocupación arabe hasta el siglo XII. En el caso de Antequera, las tropas árabes entraron de la mano del general Abd al-Aziz ibn Musa, tras firmar el tratado de Orihuela con el rey godo Teodomiro. La llegada arabe supuso un cambio de nombre, que pasó a llamarse Medina Antakira, y a los árabes debemos la maravillosa obra defensiva, la alcazaba y sus murallas.

Es tras la caída de Sevilla y Jaén, a mediados del siglo XIII, cuando Antikira empieza a coger cuerpo como enclave relevante de operaciones militares, gracias a su privilegiada posición cercana entre la frontera de cristianos y musulmanes. Fe de la importancia que tenía Antequera en la reconquista cristiana, fue el hecho que fuera el el mismísimo regente, Fernando, que regía en nombre de su sobrino y rey Juan II, el que reclamara la reconquista de la ciudad. La hazaña de la reconquista hizo que Fernando quedara para la historia como "el de Antequera".

La reconquista llegó precedida de variados asedios infructuosos, hasta que el asalto final cristalizó el 20 de abril de 1410, aunque no fue hasta el 22 de septiembre cuando los árabes negociaron la entrega definitiva de la ciudad exigiendo como trueque la caballería suficiente para poder retirarse a Archidona. Una vez la ciudad volvió a manos cristianas, el 9 de noviembre la ciudad fue declarada "real" mediante la cédula de 9 de noviembre de 1441. Durante la Reconquista, Antequera sirvió como base lanzadera de posteriores ataques que sirvieron para conquistas posteriores, como la retoma de Álora y Casarabonela, pero por encima de todo, su posición fue decisiva para planear sucesivos ataques al último reducto árabe en la península ibérica, Granada. Tal fue la pujanza y valor que demostraron los habitantes de Antequera, que en 1466, Enrique IV le concedió a la ciudad el título de muy noble.

Historia de Antequera: Edad moderna.

Una vez reconquistada Granada en 1492, la ciudad inicia un proceso de transformación y expansión más allá de sus murallas. Su población creció alentada por sus tierras fértiles y la ausencia de enemigos o competidores. Bajo el dominio de Castilla, la ciudad perpetuo su condición de importante enclave comercial, y su agricultura floreciente y la labor de sus maestros artesanos impulsaron decisivamente su economía al tiempo que lo hacía su importancia cultural.

 

Será, no obstante, durante los siglos XVI y XVII, cuando Antequera demuestra un crecimiento demográfico remarcable, llegando a ser una de las ciudades comerciales más importantes de toda Andalucía, en gran medida debido a su privilegiada posición en la encrucijada de las principales rutas comerciales. Durante estos siglos, los poetas Pedro Espinosa, Cristobalina Fernandez de Alarcón y Luis Martín de Plaza fueron los máximos exponentes de la escuela poética antequerana.

En el año 1500, los Reyes Catolicos otorgaron a la ciudad la pertinente licencia para que se dedicaran 700 varas de terreno para que se erigiera un monasterio bajo la advocación de San Zoilo, mediante los Frailes de la Observación de la Regla Franciscana. Fueron asimismo los propios Reyes Católicos los que fundaron la Real Colegiata de Santa Maria la Mayor. Desde ese mismo momento se convirtió en un referente cultural de Antequera. La primera imprenta llega a Antequera en 1573, ocupando el séptimo lugar del ranking de ciudades que la recibieron, por detrás de Sevilla (1472), Granada (1496), Osuna (1549), Baeza (1550), Córdoba (1556) y Jerez (1564). Antequera no llegó a contar nunca con universidad, aunque sí contaba con una cátedra de gramática adscrita a la Colegiata de Santa Maria la Mayor.

En el siglo XVIII, Antequera alcanza su cenit de relevancia económica, artística y cultural. La ciudad muta y numerosas congregaciones religiosas adoptan a la ciudad como lugar de asentamiento, y se alzan variadas casas, capillas e iglesias, hasta que Antequera alcanzó la categoría de ciudad conventual. La nobleza también contribuye a este momento de esplendor encargando palacios, lo que propicia el nacimiento de una industria artística destinada a nutrir estas construcciones de los adornos, arreglos, remates y ensalces destinados a dotarlos de mayor grandeza y esplendor. Fue tal el renombre que adquirió la industria artística antequerana, que recibía muchos encargos de provincias vecinas.

 

De igual modo, la industria textil de Antequera adquiere una posición preponderante en toda la industria textil de Andalucía, gracias sobre todo a la lana, y en menor medida a la seda y el lino. 87 empresas textiles y 147 telares llegaron a existir en su momento más álgido, en 1755. En 1765, la Fábrica de Lanas, Paños y Bayetas recibe el título de "Real". En la ribera del Río de la Villa se concentraron la mayoría de las fábricas.

Historia de Antequera: Edad contemporánea.

Las epidemias marcaron el siglo XIX de Antequera, pues contribuyeron en gran medida a diezmar de manera importante la población. También fue el año donde la burguesía empezó a aflorar y adentrarse en el sector empresarial textil y lanero, como alternativa a otros negocios más tradicionales y quiza menos productivos, como el agrícola.

 

El año 1810 estuvo marcado por la toma de la ciudad por parte de los franceses, que solamente lograron tomar la ciudad durante 2 años antes de ser expulsados. La era industrial trajo con ella que el comercio adquiriera un gran dinamismo a escala nacional, y de ello sacaron provecho las muy renombradas mantas antequeranas. Esta pujanza, sin embargo, fue perdiendo fuelle, y ello se debió en buena medida a la inauguración del primer ferrocarril entre Barcelona-Mataró, que hizo que la industria textil catalana se alzase como líder incuestionable, hasta el punto de que la antequerana se perdió por completo. En 1883, se aprobó en Antequera la Constitución andaluza, que adoptó popularmente el nombre de Constitución Antequerana. La Azucarera de San José, fue la industria más importante en Antequera en las últimas décadas del año 1800.

En los albores del siglo XX, vio la luz el diario El Sol de Antequera, decano de la prensa de Málaga. Las guerras que sacudieron las primeras décadas del siglo XX no contribuyeron para nada al desarrollo de la ciudad, lo que propició que sus habitantes se refugiaran de nuevo en los cultivos tradicionales, que era un terreno ya conocido, pero poco competitivo. La Guerra Civil, como pasó con muchas ciudades españolas, llevó a que centenas de habitantes emigraran a diversos puntos de España y Europa.

Con el advenimiento de la democracia, Antequera fue el símbolo del consenso en torno a la creación de la Comunidad Autónoma de Andalucía, que se cristalizó en el llamado Pacto de Antequera, el 4 de diciembre de 1978. Este pacto alentó los anhelos de los antequeranos de ganarse la capitalidad de Andalucía, que finalmente recayó en Sevilla.

COSAS QUE VER Y HACER EN ANTEQUERA.

1. Torcal de Antequera.

El Torcal de Antequera cuenta con el sello de Paraje Natural desde el 18 de julio  de 1989, además de ser un Espacio Natural Protegido de Andalucía. Todo ello persigue preservar el importante patrimonio natural geomorfológico, de flora, fauna y paisaje. El Torcal de Antequera se encuentra enclavado casi en el centro de la provincia de Málaga, en la zona sur de Antequera, y la práctica totalidad del paraje se encuentra en el interior del término municipal. Además, el Torcal forma parte de un macizo montañoso mayor, como es el arco calizo de las sierras subbéticas.

Aunque de reducidas dimensiones (11,7 kilómetros cuadrados), el paisaje kárstico del Torcal de Antequera se encuentra entre los más impresionantes de todo el continente europeo. Desde el punto de vista geomorfológico, observamos cuatro zonas bien diferenciadas: Sierra Pelada, Torcal Alto, Torcal Bajo, Tajos y Vilaneras. Todo el conjunto está conformado por rocas de tipo calizo, cuyo origen se remonta a los fondos marinos del periodo jurásico de hace 150 millones de años.

Los materiales que se fueron sedimentando en el fondo marítimo, fueron emergiendo a causa del plegamiento alpino, lo que propició la formación de fracturas, grietas, fallas que hoy día llamamos callejones o corredores. Desde ese momento, todo el conjunto se ve sometido a un proceso de erosión muy peculiar, el modelo kárstico, que en la práctica  se constituyen como auténticas obras escultóricas talladas por los caprichos de la naturaleza, que forma infinidad de siluetas y formas diferentes, siendo que algunas de ellas, de manera aleatoria, da lugar a fenómenos imitativos, como es el caso del Monumento Natural El Tornillo.

El macizo de El Torcal es rico en una flora muy variada. Existen catalogadas hasta 644 especies de plantas, clasificadas en casi un centenar de familias. En lo que atañe a la fauna, la presencia de esta ha estado muy condicionada por la presencia e intervención del hombre. La cantidad de animales invertebrados es inmensa, siendo insectos en su mayoría. Las comunidades zoológicas no presentan grandes depredadores o herbívoros de gran porte, destacando entre estos los zorros y cabras montesas.

Las aves merecen una reseña aparte, debido a la abundancia de especies, que de forma sedentaria o simplemente de paso, eligen El Torcal como punto de nidificación. Tal es la abundancia de aves que pueblan este paraje, que El Torcal está declarado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). En cuanto a los reptiles, su presencia viene marcada por las estaciones meteorológicas, siendo más activos en verano y primavera, cuando es más fácil visualizarlos.

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2. Colegiata de Santa María la Mayor.

La Colegiata se erigió entre 1514 y 1550. Su fundación vino de la mano del Obispo de Málaga, don Diego Ramírez de Villaescusa. De la romana ciudad de Singilia proceden la mayoría de los sillares que se emplearon en su construcción. El trazado siguió los dictados del estilo gótico, como se puede comprobar en la cabecera, mientras que las obras finales son del más auténtico estilo renacentista.

La parte exterior de la Colegiata Santa María la Mayor destaca por su fachada portentosa, las más monumental, sin duda, de toda Antequera. La fachada está íntegramente realizada en piedras de sillería. El tracista de la fachada la proyectó en 3 naves separadas por contrafuertes, abriendo en cada uno de ellos una puerta, siendo la central mayor que las laterales.

Una balaustrada ciega se encuentra en el ático, de estilo muy renacentista. Si nos detenemos en cada uno de sus elementos, es palpable como se intenta rehuir el estilo gótico, dando lugar a piezas, tales como los pináculos cónicos y estriados los más originales. La decoración de la fachada, esta se ubica sobre todo en tres grandes nichos, cristalizando en un diseño donde prevalece mucho la geometría, con algunos trazos manieristas.

Su interior destaca por su sobria desnudez, desprovista de retablos o elementos ornamentales. Ello se debe a que el templo no se dedica al culto, si no a acoger conciertos y exposiciones itinerantes. Nos encontramos con un bellísimo salón de planta basilical, rematado de elegantes e imponentes columnas de estilo jónico que separan las tres naves. Sobre las columnas hay cinco arcos de medio punto en cada lateral, ornamentados con pomas o perlas. Para lograr una mayor elevación en la nave central, se proyectaron arcos de descarga, a modo de falsos triforios ciegos.

 

En la ubicación de estos es donde podemos apreciar donde el estilo renacentista brilla por su ausencia. La Capilla Mayor, de planta rectangular, muestra una gran profundidad, y se cubre con bóvedas de estilo gótico-mudéjar, que delinean dos estrellas grandes, de seis y ocho puntas. La luz que inunda la capilla se debe a las amplias y elegantes ventanas de estilo florentino, lo que denota la presencia del estilo italiano de todo el interior. Las demás capillas de la Colegiata, que dan a las naves laterales y que son totalmente independientes, corresponden a estilos y épocas diversas.

 

Especial destaque merece las tres armaduras mudéjares que cubren las naves, proyectadas cerca de la medianía del siglo XVI. La capilla central es de planta rectangular, y muestra en sus faldones y almizate una cuidada ornamentación a base de estrellas de tamaño diverso. Ochavadas son las armaduras de las naves laterales y en su diseño prosiguen el estilo empleado en la central.

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3. Lobo Park.

El fundador de Lobo Park fueron Daniel Weigend y Alexandra Stieber. Nació como un proyecto privado en 2002 para convertirse en un espacio abierto para todos los públicos en 2004. De esta manera, todo el que quisiera podría contemplar a estos magníficos animales (tristemente extinguidos en Andalucía), sus pautas de comportamiento así como aprender a clasificar las diferentes especies que viven en el parque. La disposición del parque permite que la mayoría de las veces sea posible observar su estilo de vida, la jerarquización de la manada, en un entorno lo más natural posible.

 

Uno de los pilares sobre los que se asienta Lobo Park es simular un entorno lo más parecido posible al hábitat natural de los lobos. Este cuidado en la reproducción de un ambiente adecuado, propicia a que los los lobos se desenvuelven de la manera más parecida posible a como lo hacen sus congéneres cuando están en estado salvaje, desarrollando sus habilidades innatas y demostrando la mayoría de sus instintos naturales. Toda visita se planifica para brindar al visitante la oportunidad de observar a los lobos sin que la presencia humana interfiera en el normal comportamiento de los ejemplares.

 

Todos los lobeznos, sin excepción, son criados en su etapa más temprana, exclusivamente por Danie Weigend y Alexandra Stieber. Esto es fundamental para que el lobezno desemboque en un animal adulto saludable y equilibrado. Ningún cuidador de Lobo Park tiene contacto con los lobeznos durante sus primeros meses de vida. La clave de su crianza es que el lobo se comporte desde su más tierna infancia como un animal salvaje y derive más adelante en una mascota.

 

Lobo Park ofrece un día lleno de diversión y aprendizaje, donde saciar la curiosidad de los mayores y permitir a los más peques que se asombren al contemplar a estas maravillosas bestias. El propio parque, su disposición, la fauna que lo compone y su entorno ofrece a los visitantes más urbanos un paraje alternativo al que suelen ver en las rutinas del día a día. El visitante gozará no solo de contemplar a la manada, sus juegos, peleas, conflictos, enfrentamientos, jerarquías, si no que el propio parque en sí es una reserva natural de primer nivel. Todas las visitas son guiadas por tutores totalmente profesionales, que conocen a fondo la psique de estos animales, así como la correlación e interacciones que se producen en las dinámicas de la manada.

Amado. Lobo Ibérico. Macho. Nacido el 6 de mayo de 2013..jpg

4. Alcazaba de Antequera.

En el interior del complejo amurallado de toda medina árabe se diferencian 2 recintos principales: la Alcazaba, que ocupaba toda la cima del cerro, y un segundo anillo, que descendiendo desde la Puerta de la Villa, proseguía hasta el Postigo del Agua y la Puerta de Málaga, para retornar y unirse con la Torre Blanca. La Torre del Homenaje es la más importante de todo el recinto.

 

La planta de la Alcazaba es de forma rectangular, y su interior se entra por una puerta flanqueada por dos grandes mástiles de columnas lisos y un dintel. En el interior de la Alcazaba encontramos varias plantas rectangulares y techadas con bóvedas esquifadas. Por encima de esta torre, se proyectó un templete campanario, en 1582, cuyo objetivo era el de servir de guarida a la campana más grande de la ciudad. Una sábana amurallada une esta torre con la llamada Torre Blanca, que destaca sobre todo el conjunto por la exquisita técnica que hace relucir toda la sillería.

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5. Dólmenes de Antequera.

Los Dólmenes de Antequera, que lograron entrar en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial en 2012, para luego, el 15 de julio de 2016 ser declarados por la UNESCO Patrimonio Mundial con la referencia 1501, se presenta al visitante como un bien de atractivo cultural conformado por 3 piezas culturales diferentes (los dólmenes de Menga y de Viera y el tholos de El Romeral por un lado) y 2 bienes de interés estrictamente natural (La Peña de los Enamorados y el Torcal de Antequera). La magnitud de este conjunto viene dada por ser una de las primeras integraciones conscientes del hombre prehistórico entre la arquitectura y la naturaleza, obra del hombre neolítico cuyos orígenes retroceden a los inicios del VI milenio ANE.

El conjunto fue alzado en el periodo Neolítico y en la Edad del Cobre, empleando para el efecto enormes moles de piedra que conforman cámaras y pasadizos adintelados (dólmenes de Menga y Viera) o empleando cúpulas simuladas (tholos de El Romeral). Estos megalitos antequeranos se emplearon con fines rituales y funerarios, y ocupan un lugar destacado dentro del Megalitismo europeo. Las piedras megalíticas se encuentran totalmente integradas con el paisaje, estando enterradas bajo túmulos de tierra, coordinando toda la construcción, para que de manera deliberada y totalmente consciente, los monumentos apunten directamente al Peñón de los Enamorados y El Torcal. Esta integración consciente y deliberada constituye un verdadero hito de este enclave.

La declaración de Valor Universal Excepcional viene motivada por las siguientes razones.

  1. La colosal envergadura de las moles de piedra, que sabiamente dispuestas constituyeron cámaras, pasadizos y cúpulas en lo que es sin duda una expresión arquitectónica de admirable inteligencia.

  2. La íntima correlación e integración entre los megalitos y el medio natural, donde la obra arquitectónica del hombre está deliberadamente orientada al Peñón de los Enamorados y el Torcal, a los que sin duda alguna, los pobladores de la época le atribuían propiedades sagradas, poniendo así de relieve la particularidad de este paisaje funerario prehistórico.

  3. Las 3 tumbas, con un diseño único y con soluciones técnicas y formales, son una relevante muestra de las 2 grandes corrientes arquitectónicas megalíticas de la Península Ibérica, al tiempo que la correlación de las variedades arquitectónicas empleadas, es una muestra más de la diversa arquitectura megalítica funeraria de Europa.

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6. Museo Municipal de Antequera.

El Museo de la ciudad de Antequera hunde sus raíces en el lejano 1585, de la mano del afamado Arco de los Gigantes. Se considera el primer museo arqueológico público de España, y donde se puede contemplar una relevante colección epigráfica y escultórica vinculada a la época romana.

Por decisión del Pleno, en 1908, e impulsado por el arqueólogo D. Rodrigo Amador de los Ríos, ve la luz el "Museo Arqueológico Municipal". Su primera exposición se llevó a cabo en uno de los corredores bajos del Palacio Municipal. Durante más de cinco décadas se fue haciendo acopio de una importante colección de obras de importante valor histórico, casi todos ellos de la época romana.

En el año 1966 se funda el actual Museo Municipal de Antequera, en lo que era el Palacio de Najera, que tuvo que ser reformado para poder acoger el museo y sus piezas. Las obras se alargaron hasta los inicios de la década de los 70, hasta que el 15 de marzo de 1972, es oficialmente inaugurado, contando para tan memorable evento con la presencia insigne de los por aquellos entonces príncipes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofia.

Entre los años 2009 y 2011 se realizaron unas muy necesarias obras de ampliación y remodelación del Museo, que tras su "reinaguracion" comenzó a llamarse "Museo de la Ciudad de Antequera". Las obras  incluyeron la recuperación del vetusto palacio de Nájera y la construcción de dos edificios anexos completamente nuevos. El complejo que resultó abarca un total de cinco mil metros cuadrados edificados, estando la mitad de ellos dedicados a salas de exposición. Todo ello eleva el Museo de Antequera como una referencia ineludible entre los museos andaluces de ámbito municipal.

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7. Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.

Lo primero que vemos al contemplar esta Iglesia es una fachada limpia, siendo su portada manierista su punto más destacable. Está dotada de un arco de medio punto, delimitado por dos medias columnas sobre plintos, culminando la obra un frontón curvado y partido, en cuyo centro luce un escudo del Carmelo. A la diestra de la portada se ubica una pequeña espadaña, de un único vano, y que fue el único resto del campanario, una vez que la torre del Gallo fue demolida en 1883.

 

A grandes rasgos, y con algunas desviaciones, la planta de la iglesia sigue el patrón de la iglesia morisca de Granada. Tenemos una sola nave, una capilla mayor perfectamente perfilada, y las capillas laterales están completamente separadas las unas de las otras. En el siglo XVIII, se añadió a los pies de la iglesia la nave de la Cofradía de la Soledad, que a todos los efectos se convirtió en una capilla más. El techado de la nave es de estilo mudéjar, rematado en 1614, de tipo rectangular y carece de tirantes de madera, lo que permite que el espacio disfrute de una mayor limpieza visual.

 

La decoración es de lazo, y está completamente ornamentada por una maraña de lacerías, que solo tienen contraste con tres piñas mocárabes. La capilla mayor tiene forma de un gran prisma rectangular rematada por una media esfera. Sin embargo, lo que de verdad resalta la majestuosidad de la capilla mayor son sus tres grandes retablos, y entre los tres destaca naturalmente el central, fechado alrededor del año 1747. La capilla presenta unas dimensiones muy muy generosas, y están catalogadas, por su belleza y sofisticación, como una referencia ineludible dentro de la retablística barroca andaluza del siglo XVIII.

 

Su intrincada articulación de estípites, cornisas, hornacinas, cortinajes simulados, todo ello labrado con mixtilíneos y quebrados perfiles, que se contorsionan en una trenza insondable, produce en el espectador una sensación de fascinante ofuscación. Esta enorme máquina se pensó como un himno carmelitano, donde santos y santas relacionadas con la orden están escoltados por una corte de ángeles jóvenes y pequeños, que figuran tocando instrumentos musicales, sosteniendo guirnaldas, o simple y llanamente, juntan las manos con gesto grácil y etéreo. Si nos paramos a pensar que todo este impresionante conjunto barroco no es más que el marco que sirve de entrada al camarín central, donde se guarda la imagen de la Virgen del Carmen.

 

La planta es mixtilínea y muy barroca, y contrasta, en cierto modo, con la llaneza de la decoración de yesería y su limpieza de líneas. Los 2 retablos que flanquean el central, aunque están rematados en dorado y son policromáticos, se piensa que son más modernos que el mayor. El de San Elías, en el lado del Evangelio, resulta especialmente pomposo por la complejidad del ático. El retablo y el camarín al lado de la Epístola es el que representa el estilo rococó de manera más visible, y presenta además proporciones armoniosas.

En el arco toral de la capilla mayor se ubica un púlpito de madera dorado y policromado. La pieza es obra de Miguel Marquez Garcia, del año 1799, y el barroquismo de sus líneas encaja perfectamente con los retablos descritos anteriormente. La nave central está acompañada por seis capillas independientes, en cuyo interior se encuentran piezas de gran valor. Una de las capillas destaca entre las demás, por estar situada a los pies de la iglesia, y se alzó en el primer tercio del siglo XVIII, momento al cual pertenecen las rizadas yeserías de la pequeña cúpula. La capilla es de planta rectangular, y está techada con bóvedas de medio cañón rebajado y dividido en cuatro tramos a través de arcos fajones.

El retablo principal, como remedo de un exiguo camerino, alberga la imagen de la Virgen de la Soledad. La Virgen primigenia, del Socorro, se halla en una moderna hornacina, y está expuesta con cierto sentido museístico. Es una talla de finales del siglo XV y fue un obsequio de los Reyes Catolicos a la iglesia mezquita de San Salvador. La técnica empleada en su construcción es muy elemental, siendo el principal material la pasta de cartón, y se asienta sobre una estructura de madera, siendo parcial el nivel de conservación de su policromía original.

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8. Arco de los Gigantes.

Se construyó en 1585. La obra se debe al arquitecto Francisco de Azurriola. Este monumento atesora un doble simbolismo en Antequera, por su dimensión monumental y su trascendencia histórica. Como monumento hay que destacar su valor como ejemplo de la arquitectura del renacimiento tardío. Y desde el punto de vista histórico simboliza la voluntad de una ciudad decidida a recuperar el espíritu del Renacimiento, y ejemplo de ello fue que, una vez rematado el muro del Arco, el Consistorio Municipal tomó la decisión de colocar muchas estatuas y lápidas latinas que habían ido emergiendo en las ciudades romanas colindantes.

 

El Arco, que cuenta con un muro que tiene un grosor de dos metros, tiene una altura de siete metros. Su coronación fue más pomposa, ya que poseía una gran hornacina, escoltada por dos aletones en los que descansaba una gran estatua del invencible Hércules. La jarra de azucenas de la clave, juntamente con el castillo y el león de la cornisa, dan forma al escudo de la ciudad.

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9. Fuente de Piedra.

Es la laguna más grande de toda Andalucía, y es un enclave privilegiado para acoger al flamenco rosa en época de reproducción, además de ser un área de invernada de paso de muchas especies de aves. La llegada del flamenco rosa y su nidificación es el punto álgido del ciclo vital de este humedal.

 

La Laguna de Fuente de Piedra está ubicada muy cerca de Antequera y acoge a la mayor bandada de flamencos rosados de toda la Península Ibérica. El cambio en las temperaturas ha propiciado que el flamenco permanezca en la laguna de manera ininterrumpida durante todo el año, y el número de ejemplares que allí se quedan depende de la cantidad de agua que tenga la laguna. En los meses más fríos del año (Otoño e Invierno), permanecen en la laguna un pequeño grupo, para ir aumentando en número a partir de febrero hasta alcanzar las 8000 parejas en junio. Estas parejas pondrán un solo huevo, y cuando la cría alcance los 3 meses y aprenda a volar, migrarán entre agosto y septiembre en dirección al continente africano.

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10. Colegiata de San Sebastián.

El estilo de la Colegiata de San Sebastián es el de un renacimiento todavía inmaduro. De su conjunto, lo más interesante de la fachada es su hermosa portada renacentista. Ésta presenta tres cuerpos. El inferior se encuadra con pares de columnas, el fuste estriado, y de estilo corintio los capiteles, todo ello aderezado con una ornamentación algo fantasiosa. Las enjutas del arco de la entrada se ornamentan con dos clípeos que albergan bustos de Santiago y San Felipe. El segundo cuerpo muestra balaustres y nichos avenerados de escasa profundidad que ocupan esculturas de San Pedro, San Pablo y San Sebastián. En el ático lucen las armas del emperador Carlos V insertadas en un águila bicéfala. Podemos contemplar también a Hércules de niño y hay representaciones del Crepúsculo y la Noche, que fueron emplazadas, se piensa que por un error, por los canteros.

 

La torre es muy destacable. Ignacio de Unzueta levantó el primer cuerpo de sillería, y los trabajos los prosiguió a partir de 1701 por el maestro de obras antequerano Andres Burgueño. Ya en el año 1722, Nicolás Mejías substituyó el capitel primitivo por el que quedó destruido en 1926 a causa de un incendio. El elemento que ha permanecido intacto a todas los cambios es el Angelote, que es el nombre con el que coloquialmente se conoce al ángel que sirviendo de veleta, remata la torre. Este faro terrestre presenta una estructura arquitectónica compleja en los cuerpos del ladrillo. Su decoración general está basada en aplicaciones de barro cocido, moldeados, tallados y distribuidos con gracia y gusto.

 

El interior de San Sebastián está conformado por tres naves separadas por pilares de planta en forma de cruz, con columnas jónicas adosadas. Sobre estos fustes se asientan arcos de medio punto. Las naves están cubiertas con armadura de madera, ocultas a día de hoy por bóvedas de yeso. A día de hoy no se sabe cómo era la capilla mayor, pues una deflagración la destruyó completamente. En el centro de la nave se emplaza el coro, con una interesante sillería tallada en madera, que procede del Convento de San Agustín (que sufrió las consecuencias de la Desamortización de Mendizábal), así como dos órganos de estilo barroco. Sobre las gradas del presbiterio se encuentra el tabernáculo de madera dorada, que se talló para la capilla mayor de Santa María, templo del que procede cuando se trasladó la Colegiata.

 

En lo que atañe a los retablos, es indispensable reseñar el de Santa María de la Esperanza, que se ubica en el testero del evangelio, obra de Bernardo Simón de Pineda. Las imágenes de San Sebastián y Santa María de la Esperanza son anteriores a este retablo, que es de estilo gótico de inicios del siglo XV, mientras su estofado y paños fueron renovados en el siglo XVII. En el testero de la nave de la epístola encontramos el retablo de la Virgen de la Antigua, de estilo renacentista, que llegó de la Colegiata de Santa Maria. Es una pieza de muy elegante factura y depurada técnica de modelado

 

El sepulcro de Rodrigo de Narváez, primer alcaide de la ciudad, se encuentra en la nave del Evangelio, pegado a la puerta de la sacristía. Una Dolorosa de fines del siglo XVIII merece un especial destaque, y se encuentra ubicada la nave de la epístola. Esta obra se le atribuye, sin poder aseverarlo con total rotundidad, a Miguel Marquez Garcia. En la entrada en el muro del trascoro se encuentra un retablo neogótico francamente aparatoso de finales del siglo XIX. Sus hornacinas las ocupan obras de Andres de Carvajal. En el centro se encuentra la obra magistral del autor, el Cristo del Mayor Dolor, donde figura Jesús tras la flagelación, de rodillas y recogiendo su túnica. Una parte muy importante del antiguo y valiosísimo tesoro de la Colegiata se trasladó a esta iglesia, y actualmente se pueden contemplar en el Museo de Antequera.

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11. Estepa Gate.

La puerta de Estepa, que recibe su nombre por ser el punto de acceso a los viajeros que procedían de Sevilla. La construcción de la Puerta es de 1749, obra del maestro de obras Martín Bogas. El arco central, de mayor altura, era cruzado por los carruajes, mientras que los laterales, más bajos, servían de paso a los viandantes. En 1931 se destruyó con objeto de facilitar el incipiente tráfico que empezaba a rodar por la ciudad. En 1998 se construye una copia fidedigna al original, con motivo del 250 aniversario de la Feria de Agosto de Antequera.

La ubicación de la puerta actual está situada a muy pocos metros de la puerta original, y en estilo barroco, recupera elementos originales tales como los cimientos, el escudo real y los del corregidor y la ciudad. Una imagen en terracota de Nuestra Señora del Rosario preside el conjunto acompañada por un azulejo de Santa Eufemia.

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12. Iglesia Parroquial de Santiago.

Emplazada en Antequera, la Iglesia Parroquial de Santiago se alza como una sobria ermita en 1519, siendo sin embargo desde 1822 cuando la ermita ejerce labores parroquiales. El actual templo que podemos contemplar fue construido del siglo XVIII.

La fachada exterior reviste mucho interés, en el que se funden la fachada y la espadaña, que presenta destellos mudéjares, con un remedo de capilla tribuna, que nos evoca los modelos de las Indias.

El interior de la Iglesia Parroquial de Santiago es sobrio, donde destaca el camarín de la Virgen de la Salud, un espacio rococó con yeserías rizadas y blancas fechadas de 1765. La talla de la Virgen es del siglo XVII. Las demás zonas del interior están ornamentadas con pinturas al temple que emulan cortinas y otros motivos decorativos.

La sacristía alberga en su interior piezas de orfebrería de muchísimo valor.

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13. Museo Conventual de las Descalzas.

Las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa instauran casa y convento en 1632, en Antequera. Sin embargo, la iglesia actual se alzó entre los años 1707 y 1734. Del exterior del Museo sobresale una pequeña portada de regla del tiempo y una fachada barroca que es una verdadera maravilla.

La fachada obedece a un patrón compositivo carmelitano, aunque su iconografía sorprende por su remarcado paganismo, lo que sería poco acorde con el alma de la Orden. La fachada está construida en un ladrillo que está muy bien trabajado y elaborado, con muchas aplicaciones de barro cocido que simbolizan un abigarrado plan decorativo de estilo greco-romano donde vemos sirenas, tritones, pegasos y otros adornos mitológicos.

La planta es de cruz latina, cuenta con una sola nave y son de poca profundidad los brazos del crucero. El Convento, en clausura, cuenta con una relevante colección de obras artísticas.

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14. Plaza del Coso Viejo.

No sería demasiado aventurado decir que La Plaza del Coso Viejo (antaño conocida como la Plaza de las Verduras, ya que allí se instalaba el mercadillo) es la más bella y representativa de Antequera. En la plaza destaca la efigie ecuestre de D. Fernando I, famoso, entre otras cosas, la celebérrima frase empleada en Málaga, "Que nos salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera", que popularmente viene a querer decir que "ya veremos que pasa". Al fondo luce una bonita fuente que representa los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego.

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15. Peñón de los Enamorados.

En el hermoso paraje de la vega de Antequera, a medio camino entre ésta y Archidona, se eleva la Peña de los Enamorados. Se trata de un promontorio de piedra caliza con una figura muy pero que muy peculiar, ya que cualquiera que la vea de lejos inmediatamente ve la cabeza de una persona tumbada. También recuerda a las hechuras de un indio, por lo que hay quien le llama asimismo "El Indio de Antequera".

El peñón remonta hasta 878 metros sobre el nivel del mar, ubicado muy cerca de la autovía y de la vetusta carretera N-342. En hermandad con el Torcal y los Dólmenes de Antequera, fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

La delineación del Peñón de los Enamorados es muy sui generis, ya que la caprichosa naturaleza quiso que la orografía del terreno se parezca muchísimo a una cabeza que descansa en el suelo, acostada, y mirando al cielo. La explicación al peculiar nombre de la Peña, que perfila el horizonte de Antequera, la hallamos en la leyenda homónima de la que coge prestado su nombre, leyenda está que se remonta a las historias que se contaban en el Siglo de Oro.

Reza la leyenda que un cristiano, cautivo en Granada, Tello, quedó completamente rendido a los encantos de una hermosísima mora de Archidona, que respondía al nombre de Tagzona. Su amor era de tal magnitud, que para huir de los prejuicios de la época, tuvieron que irse a Antequera. Durante la fuga, fueron descubiertos por el padre de Tagzona, que mandó en su pista a un grupo de saeteros para que los atraparan. Los enamorados, acorralados y asustados, escalaron la Peña, y al percibir que serian indefectiblemente capturados, prefirieron morir juntos a vivir alejados, de modo que, abrazados, se arrojaron al vacío desde lo alto de la montaña, que desde entonces lleva ese nombre. Carvajal y Robles escribió "De la tajada peña se arrojaron y en el aire las almas dejaron".

El paraje natural de la Peña de los Enamorados tiene una superficie de 117 hectáreas, y posee un importante interés ecológico, y son muchos los visitantes que se acercan para conocerla de cerca. Se la declaró Bien de Interés Cultural por los importantes restos arqueológicos que se encuentran en la zona, que se remontan al Paleolítico Inferior. El Peñón de los Enamorados consta en el registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía desde el 9 de febrero de 2016.

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16. Mirador de la Almenillas.

Desde esta privilegiada atalaya, que se ubica opuesta al Arco de los Gigantes, se nos ofrece diáfana y limpia la que quizá sea la panorámica más hermosa y grande de la ciudad. Desde aquí podemos divisar el inmenso patrimonio artístico y religioso de Antequera: iglesias, torres, campanas, espadañas, palacios, conventos y museos que se han ido erigiendo a lo largo de los siglos. Igualmente podemos contemplar de frente, y muy nítidamente el celebérrimo Peñón de los Enamorados, así como comprobar el dinámico progreso industrial y urbanístico del que goza la ciudad.

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17. Parque de la Negrita.

El parque de la Negrita de Antequera fue premiado en 2016 con el columpio de oro, trofeo que premia a las mejores zonas de diversión para los niños de España. El parque, que vio la luz en el año 2015, fue, en su momento, considerado el mejor parque de todas las ciudades de España con menos de 50000 habitantes.

Los premios, entregados en Zaragoza en el certamen nacional realizado en la Feria ExpoAlcaldía, estuvieron presentes el por aquel entonces concejal de Obras y Mantenimiento, Jose Ramon Carmona, el de Medio Ambiente, Juan Álvarez, y el arquitecto municipal, Juan Cruz.

El parque cuenta, entre otras atracciones, con un espacio concebido exclusivamente para Antequera, y dispone de toboganes de tubo de grandes dimensiones (11 metros de altura), y un recorrido lúdico de 8 metros de largo. 135000 euros fueron los que sufragaron las obras, que se realizaron sobre el antiguo parque infantil, y que fueron aportados por la Diputación de Malaga

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18. Monasterio de San Zoilo.

La iglesia fue obra de un encargo de los Reyes Católicos, y su estilo se enmarca en el gótico tardío, representado el esquema de templo Franciscanismo propio de esos tiempos. La nave cubierta, de madera la armadura y una capilla mayor con bóveda de crucería. Sin embargo el estilo gótico no se respeta por completo, ya que la iglesia es rica en ornamentos de yesería de estilo manierista.

 

Curiosamente, rectangular es la planta de la iglesia. La nave de mayor envergadura, la del Evangelio, ofrece siete tramos, mientras que la de la Epístola, apenas ofrece dos. De la construcción primigenia gótica todavía podemos contemplar algunas bóvedas de las naves laterales y la grande de la capilla mayor. También se encuentra bien conservada la portada de la iglesia. La portada merece una mención especial, por la solución que plantea con piedra arenisca, compuesta de un arco apainelado, y finas columnillas cuya diámetro va descendiendo a medida que se acerca a la luz de la puerta. Todo ello rematado con un cordón franciscano anudado.

 

La tapia almenada del compás pertenece a una época posterior a la fundación, con portadas de los estertores del siglo XVI y sus dos espadañas. La ciudad sufragó la mayor de ellas en 1599, mientras que la otra, la Capilla de la Sangre y Vera-Cruz, se erigió ya adelantado el siglo XVIII.

 

Dentro de la iglesia sobresale, como elemento más remarcable, la armadura mudéjar de la nave central. En este caso, el habitual lazo es substituido por una ornamentación policromada muy llamativa, aunque desafortunadamente, su conservación es muy precaria.

 

Un gran arco toral apuntado, en cuya clave se incluye una gran y peculiar cabeza, sirve de sostén a una cartela de forma del barroca más incipiente, y que da acceso a la capilla mayor. En esta, sobresale una bóveda de crucería, decorada con yeserías.

 

El retablo mayor estaba compuesto, hasta finales del XVIII, de catorce lienzos de Antonio Mohedano. El retablo que se puede contemplar actualmente es obra del retablista antequerano Antonio Palomo. En lo que atañe al estilo estamos hablando de la época en la que se produjo la transición del rococó al neoclásico.

 

La cámara central la ocupa la imagen de Nuestea Señora de la Vera-Cruz. Se trata de una talla de muy bella factura realizada por Jeronimo Brenes en 1614. Flanqueando el retablo mayor, en el presbiterio, figuran dos copias más que decentes de los originales de Rubens.

 

A los pies de la nave del Evangelio se halla la vetusta Cofradía de Flagelantes de la Sandra y Santa Vera-Cruz, que por otra parte, ha sido objeto de una reciente y profunda remodelación. En ella sobresale una gran bóveda estrellada de crucería y el camarín barroco del Nazareno de la Sangre, que fue alzado en 1720 y objeto de reformas posteriores. La talla del Nazareno fue obra de Diego de Vega allá por el 1580. Por su parte, el Santo Cristo Verde es obra de Jeronimo Quijano.

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19. Bodega Gross Hermanos.

Bodega Gross Hermanos ve la luz en el año 2007, siempre enfocado como un proyecto familiar que apuesta decididamente por la tradición, la originalidad y la evolución. El apellido Gross está largamente enraizado a la cultura del vino, que ya desde los siglos XIX y XX se dedicaban a exportar el vino malagueño y darlo a conocer por el mundo, (poniendo el acento especialmente en la pasa y el vino de Málaga), llegando incluso a hacer los méritos suficientes para ser galardonado con algunos de los más importantes premios internacionales.

 

La nueva generación, heredera de aquellos tiempos, recoge el testigo de sus antecesores con fuerzas e ilusiones renovadas por hacer el trabajo bien hecho.

El proceso mediante el que se producen sus vinos se lleva a cabo en sus propias instalaciones, siguiendo todos los patrones de seguridad y calidad que garantizan un producto de reconocida excelencia. La crianza y el envejecimiento del caldo se lleva a cabo en barricas de roble francés de calidad superior, y empleando diferentes tipos de tostado en función del vino que se pretende obtener. La bodega cuenta con una sala de catas en el que se degustan los deliciosos caldos acompañados de maridajes de calidad y disfrutando de un entorno cercano al Torcal de Antequera verdaderamente privilegiado.

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20. Convento de Belén.

Ubicado en Antequera, el Convento de Belén formaba parte de las Carmelitas Descalzos hasta el siglo XIX, momento a partir del cual fueron las Clarisas las que ocuparon el Convento. Y esas mismas Clarisas, a día de hoy, viven en régimen de monjas de clausura, dedicando su tiempo a la elaboración de mantecados y dulces artesanales.

Las obras originales del Convento de Belén arrancaron en 1628. Su fachada es sobria, conjugando el ladrillo y la piedra labrada. De cruz latina es la planta, donde las capillas laterales están comunicadas entre si y una cúpula elevada en el crucero.

El Convento destaca por su abundante decoración de yeserías barrocas fondeadas de azul siendo de las más antiguas del conjunto antequerano. Destaca por su singularidad la peculiar ornamentación de la capilla mayor, donde sobresalen cuatro imágenes de interés y un lienzo enorme de mitad del siglo XVII (La Adoración de los Pastores), que algunas publicaciones atribuyen a Murillo, pero siendo la realidad que son del hermano Fray Domingo, un religioso descalzo del que la historia no nos ha dejado absolutamente ningún rastro.

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21. Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios.

La iglesia de San Juan de Dios es uno más del amplísimo catálogo arquitectónico de Antequera, y esta en concreto es de finales del siglo XVIII (1696), alzada bajo la dirección de Melchor de Aguirre. El edificio recibió la bendición como templo sagrado en 1716, aunque el hospital y el convento no terminaron de construirse hasta el final del siglo XVIII. Existe un curioso contraste entre la sobriedad de la fachada y un barroco cargadísimo en el interior. Existe un gran patio central, galerías y crujías alrededor. Su disposición en 2 alturas es muy similar a la de otros tantos templos esparcidos por toda la geografía española.

El exterior, de gran austeridad, se alzó empleando la piedra arenisca obtenida de las ruinas romanas de la ciudad de Singila Barba, excepción hecha del pórtico, construido con piedra caliza roja del Torcal de Antequera.

Dentro encontraremos una iglesia ornamentada con abundante yeso blanco que es realmente un verdadero tesoro del barroco andaluz. La planta de cruz latina está prácticamente cerrada por bóvedas y paredes forradas por un ondulado estuco donde destacan los motivos vegetales, ángeles y una gran diversidad de fauna, reales algunas y mitológicas otra.

La hornacina central del retablo mayor de la iglesia, se cree que fue obra de Jose Francisco Guerrero, y atesora en su interior una deliciosa talla de la Inmaculada.

En lo que atañe al apartado pictórico, lo más reseñable es la amplísima colección de obras de artes que embellecen la iglesia y la sacristía, una fusión interesante de yeserías y pinturas destinadas sobre todo a la vida de San Juan de Dios.

Algunos restos de la iglesia se mantienen en su estado original, tal como el patio central de forma irregular, construida en el siglo XVIII, aunque haya sufrido una renovación posterior, y el estilo imperial de la escalera. El exterior del hospital recobró su original diseño, fruto de una profunda restauración, en 1986.

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22. Iglesia de San Juan de Dios.

1628 es la fecha en la cual se iniciaron las actuales obras de la Iglesia de los Remedios, que fueron dirigidas por los maestros Gonzalo Yáñez y Fernando de Oviedo. Gonzalo se encargó de proyectar los muros hasta el tejado. Fernando fue el responsable de enmoldar arquitectónicamente el interior así como las cubiertas.

La fachada contiene elementos originales, a la cual le precede una tapia que cierra el compás con un estilo indiscutiblemente manierista. Lo que es la portada es en sí misma es austera, siendo quizá el único elemento destacable el pórtico, cuya cubierta se apoya en columnas toscanas, a través de tres arcos de medio punto. La espadaña es hermosísima, completamente realizada en piedra, y proyectada por el maestro cantero Pedro de Arevalo. De cruz latina es la planta, con sus correspondientes naves y capillas laterales, luciendo una cabecera plana.

La nave central, más allá que las laterales, se cierra con bóveda de medio cañón, y se encuentra divida en cinco tramos. La cúpula del crucero es de media naranja rematada en cupulino. Todo el templo está cubierto con pinturas al temple. Los patrones iconográficos del crucero remiten a pasajes de la Vida de la Virgen, San Antonio y San José. El retablo se encuentra entre uno de los más hermosos de cuantos existen en Antequera, proyectado en el primer tercio del siglo XVIII, y su autor fue el estuquista y entallador antequerano Antonio Rivera. Su modelo de composición sigue el patrón de José de Churriguera. Tras el retablo se ubica el soberbio camarín de la Virgen de los Remedios, finalizado en 1707. Su planta es de forma hexagonal y se cierra con una bóveda semiesférica sobre pechinas, rematado el conjunto con un capullino. El espacio está asimismo copiosamente ornamentado con yeserías.

El trono de la Virgen actúa como elemento central del recinto. La escultura de la Patrona es de inicios del siglo XVI, siendo objeto de una honda remodelación en 1816 de la mano del escultor antequerano Miguel Márquez García. La imagen fue coronada en 1922 como Alcaldesa Perpetua de la ciudad. En los retablos laterales del crucero, se pueden contemplar esculturas de San José y San Antonio, obras de Andres de Carvajal. Otra talla de muy bella factura de este autor es el conjunto escultórico de la Virgen de los Angeles, que se haya en la frontal de la puerta de la sacristía.

Centrando el recinto se encuentra el templete coronado o trono de la Virgen. La escultura de la Patrona es obra de principios del siglo XVI, aunque fue objeto de una profunda transformación en el año 1816 por el escultor antequerano Miguel Márquez García. Coronada en 1922 es Alcaldesa Perpetua de la ciudad. En los retablos colaterales del crucero, se pueden ver las esculturas de San José y San Antonio, obras de Andrés de Carvajal. Otra obra muy interesante de este autor es el grupo escultórico de la Virgen de los Ángeles, que se encuentra en el retablo frontero a la puerta de la sacristía.

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23. Puerta de Granada.

Este arco fue construido en 1748, siendo las obras dirigidas por el maestro alarife Martin de Bogas, que logró el hito de alzar el monumento en apenas 2 meses, un récord para la época, e incluso para hoy. Flanqueando el frontal se labraron los escudos de Fernando Sexto obra del picapedrero Jose Rodriguez.

El paso del tiempo fue dejando huella en la obra, que llegó a presentar un estado casi ruinoso, lo que hizo necesaria llevar a cabo una profunda restauración en 1942. Aunque el cuerpo principal no fue objeto de modificaciones, el ático si tuvo que ser totalmente reconstruido. La hornacina central, que tenía un arco escarzano, se realizó de medio punto mientras que los aletones laterales adoptaron una leve curvidad. Se aprovechó la remodelación para incluir nuevos ornamentos, como la cruz de hierro del coronamiento y en los extremos se colocaron unos jarrones.

En la hornacina de la coronación se halla la imagen en terracota de la Virgen del Rosario de Santo Domingo. 

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24. Convento de San Agustín. 

La iglesia del convento ostenta el honor de contar con la segunda mayor torre de Antequera, y en su interior destaca una amplia y profunda cubierta con una bóveda de crucería gótica reconstruida en el siglo XVII con yeserías manieristas.

La construcción corrió a cargo del arquitecto Diego de Vergara, que proyectó el convento entre 1560 y 1566. El exterior ha sido objeto de una remodelación reciente, y resulta muy particular la disposición de la fachada a los pies del muro lateral y la torre.

La fachada luce todos los motivos propios del estilo manierista, donde sobresale un balcón volado que confiere un cierto aroma civil al monumento. Por su parte, la torre, encastrada entre los dos contrafuertes, es un compendio de las corrientes arquitectónicas de los siglos XVII y XVIII.

El convento ha sido objeto de numerosas remodelaciones, quizá demasiadas, y en una de ellas se perdió para siempre la armadura renacentista de la nave obra de Diego de Siloé, y que fue reemplazada por la bóveda de medio cañón con lunetos que son los que podemos contemplar actualmente.

La capilla mayor, que fue objeto de una remodelación de estilo manierista, se erige, sin que exista gran debate sobre ello, como uno de los rincones arquitectónicos más hermosos de Antequera. La planta es rectangular y gótica la bóveda que la cubre. Cabe asimismo destacar su ornamentación de yeserías, pintadas y doradas por el maestro Francisco Rodríguez de Alarcón. Los lienzos, encastrados con pasajes de la vida de San Agustín, ayudan a recrear un marco espacial tan equilibrado como deslumbrante.

En lo que atañe al apartado pictórico, encontramos un patrimonio más que destacable, donde despuntan obras como el Calvario que encabeza la capilla mayor, diez lienzos de la vida de San Agustin, encuadrados en estuco, o un lienzo de grandes dimensiones de San Nicolás, que se encuentra en un posición central en el retablo mayor.

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25. MAD Antequera.

Esta construcción, cuya obra dio comienzo en el inicio del siglo XVIII por D. Juan Manuel Colarte y Lila, fue concluida por sus descendientes. Años después, y tras algunos cambios en la titularidad, pasa a manos de la familia Pareja-Obregón, quienes la mantienen hasta 1864. Tras cambiar nuevamente de manos, es comprada en 1919 por D. Salvador Muñoz para que sirviera de hogar para su hijo. Es en esta época cuando la casa vive su etapa de máximo esplendor, con todo tipo de mejoras y reacondicionamientos.

La casa, una vez fallecidos sus propietarios, presentaba problemas en lo que atañe a su conservación, de modo que el Patronato de Turismo de Antequera requiera a la Diputación Provincial su compra, la cual se llevó a cabo transformándose en la actual Casa-Museo y sirve asimismo para dar acomodo a las visitas más insignes de la Diputación. A día de hoy, es la sede del Museo de Arte (MAD) de la Diputación.

El edificio sigue a rajatabla el estilo manierista, aunque introduce algunos detalles evocadores de la época árabe. Tiene 3 plantas rectangulares, contando con el área de exposiciones, de servicios, salón de actos, talleres, almacenes y las oficinas y dependencias administrativas. Del mismo modo existen patios y jardines exteriores para realizar eventos culturales, sobre todo de índole musical y gastronómico.

El MAD es un enclave que invita a la contemplación, divulgación y reflexión sobre el hecho artístico. Para alcanzar este objetivo, su actividad central es la celebración de exposiciones mientras paralelamente se llevan a cabo otras actividades. Las exposiciones giran en torno a 2 conceptos principales: la colección permanente, que pone en valor  el patrimonio artístico de la Diputación de Málaga, y el mismo edificio en sí mismo, asentado en su singularidad arquitectónica e histórica y exposiciones temporales.

En la zona exterior se lleva a cabo, el modelo Fachada-armazón, atendiendo a un criterio estético que emana del manierismo local. Su primer cuerpo, labrado en caliza roja obtenida del Torcal, la puerta queda delimitada por dos columnas toscanas que se asientan sobre plintos que a su vez sustentan un entablamento clásico con ornamentación de triglifos. El segundo, por su parte, usa el ladrillo enfoscado con abundancia de elementos almohadillados, que contrasta visiblemente con la planta de abajo por su aspecto denso y rudo.

Accediendo al interior, se llega por un largo corredor flanqueado por una cancela decorativa del siglo XIX. La pieza más emblemática es la caja de la escalera, rectangular su planta y con doble tramo de ida y vuelta con barandilla de hierro. La bóveda es de medio cañón con lunetos, y está remachada en sus puntas con dos cuadros de esfera sobre pechinas, todo ello realzado por una decoración policromada. En el testero del descanso, nos encontramos con un pequeño retablo muy pintoresco, que encuadra un lienzo de la Virgen del Rosario.

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26. Museo del aceite DCOOP.

Dcoop es la mayor cooperativa de aceite de oliva del planeta. A través de este museo se intenta mantener vivo el legado de los antepasados que se dedican a las labores del olivar desde tiempos inmemoriales. Por esta razón, ha levantado en sus plataformas logísticas de Antequera (Málaga), un museo del aceite, cuyos tesoros más preciados son unas almazaras perfectamente conservadas del siglo XVII y dos molinos de los siglos I y XIX.

 

La almazara del siglo XVII, mantiene, conjuntamente con la prensa de viga y contrapesos, todos los arreglos necesarios de la época para producir aceite: tenemos una bodega de tinajas (algunas con la cuña de maestros alfareros), leñas, cuerdas, pletinas, clavos, el artilugio a través del cual el aceite transcurría, e incluso nidos de avispas terrizas pegadas a la viga de la prensa.

El objetivo del museo es tratar de concentrar en un unico espacio todos los aperos que forman parte de la historia y trayectoria del aceite y los olivos.

 

Estamos hablando de una sala expositora que retoma la manera tradicionalmente usada para obtener el oro líquido de la aceituna y que se muestra mediante  paneles en los que se ve cómo se producía el aceite en tiempos remotos. El grupo olivarero Hojiblanca ha deseado rescatar en su museo los utensilios y aperos más tradicionales relacionados con las labores de extracción del aceite.

A día de hoy, el visitante podrá comprar en el museo el aceite de oliva virgen extra (AOVE) autóctono de la zona de Antequera, con el cual se crean manjares tan emblemáticos de nuestra cocina, tales como la porra antequerana y el mollete.

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27. Jardines del Corazón de Jesús.

Tras la restauración llevada a cabo en 2019, los jardines lucen hermosos y acicalados. La paz y la tranquilidad se respira en ellos. Es un delicioso placer pasear por ellos, sentarse en sus bancos y disfrutar de sus vistas y silencio.

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28. Termas romanas de Santa María.

Estos restos arqueológicos corresponden a la época romana, y fueron utilizados desde mediados del siglo I. d.C hasta el siglo V d.C. Tan longeva vida se debió en parte gracias a la profunda remodelación de la que fue objeto en el siglo III. En los restos pueden verse las distintas estancias termales tan propias del mundo romano: piscinas de agua fría, templada y caliente ( frigidarium, tepidarium y caldarium).

En la zona central destaca una gran piscina de agua fría ("natatio"), con bancos adosados en los muros y estaba completamente recubierta de mármol y pilastras anexadas con ornamentaciones de índole vegetal. Muy cerca de ella existe un gran mosaico, hoy tapado por razones de preservación. El tema principal lo constituye un hermoso ejemplo mitológico: un busto de "Occanus". Se trata de una divinidad marina que luce con todos sus atributos "pinzas y patas de cangrejo”. El conjunto está rodeado de temas geográficos policromados que recrean un ambiente de cubos en relieve.

Si proseguimos en dirección este, hallamos una gran estancia que los arqueólogos han catalogado como vestuarios, en las que una vez más nos encontramos con una atmósfera pavimentada con mosaicos. Uno de ellos remite al mundo marítimo, con un delfín que porta el tridente de Neptuno, mientras el otro es una bella crátera caliciforme.

En la zona norte se encuentran los espacios de agua caliente y templada y los colectores de las termas.

Sobre estas termas, ya en el siglo XV d.C, se construyó un barrio, ya que se pueden observar ruinas de muros, calles y pavimentos urbanos.

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29. Museo taurino de Antequera.

El Museo Taurino está enclavado en la Plaza de Toros, una de las más bellas de toda Andalucía, siendo construida en el siglo XIX. No obstante, la tradición  taurina de Antequera se retrotrae aún más atrás en el tiempo, concretamente en el siglo XVIII, y desde entonces se ha mantenido fuerte e incluso reforzada, siendo este museo un ejemplo de ello. Quien visite el museo lo encontrará en la zona más alta de la Plaza de Toros, y a lo largo de las 3 salas expositivas podremos recibir una panorámica amplia de la fiesta del toreo en toda España, así como la local. La colección del museo es amplia y diversa, e incluye desde un gran catálogo fotográfico y periodístico sobre el toro y la fiesta, hasta carteles y documentos conectados con la fiesta nacional. 

 

Encontraremos asimismo las cabezas de toros de corridas consideradas históricas, y que se celebraron en distintas plazas de la geografía española. Los trajes de luces también ocupan un espacio destacado en el museo, correspondiendo algunos de ellos a algunas de las más míticas figuras del toreo. Entre las piezas artísticas de la exposición cabe destacar El tiro de mulillas, un conjunto escultórico de bronce, de destacado realismo, obra de P. Sanchez Panadero y J. Clemente. En lo que atañe a la pintura, destacan especialmente La Lidia, una sucesión gráfica compuesta por ciento doce láminas del siglo XIX, y una colección de treinta dibujos sobre vidrio, titulada La Tauromaquia, y representa varios lances de faenas taurinas.

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30. Homenaje a los Antiqires.

En el siglo XV, los últimos nazaríes se rinden tras haber permanecido atrincherados en la Alcazaba. Cuando abandonaron Antequera se fueron a Granada donde constituyeron  allí el barrio de Antequeruela. 

Esta pieza escultórica nos muestra una familia árabe, constituida por un matrimonio con dos pequeños, siendo uno de ellos bebe que yace en los brazos de su madre. Un poco más adelante está el padre, con su turbante y llevando en la mano diestra la llave de la casa de la que fueron expulsados. La mano izquierda la usa a modo de visera, para protegerse del sol y poder divisar mejor el camino que ha de recorrer para llegar al Peñón de los Enamorados en dirección a Granada.

A su lado está su mujer, con el rostro afligido, tratando de arropar con su cuerpo a sus hijos. La escultura es obra de Jesus Gavira Alba, del año 2010 y está fundida en bronce.

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31. Convento de la Trinidad.

Este templo pertenece a la orden de los Trinitarios Descalzos. Fue erigido entre 1672 y 1683. Su tracista fue el mismo arquitecto de la orden, Fray Pedro del Espíritu Santo. La configuración del convento encaja perfectamente en el modelo típico de las iglesias madrileñas del siglo XVII.

La fachada está conformada por una moldura rectangular enmarcada por dos pilastras y rematado por un frontón triangular.

El interior del templo es grande y luminoso, con la planta en forma de cruz latina, rematado el crucero por una bóveda y capillas laterales. La limpieza y austeridad del alzado le confiere una circunspecta elegancia.

El retablo mayor fue pasto de las llamas en 1935. El que podemos contemplar actualmente es obra del escultor Francisco Palma GarcíaFelizmente las capillas laterales no sufrieron daños, y en ellas destaca el retablo a los pies del Evangelio del siglo XVIII o el Cristo atado a la columna, y que fue traído al convento en el año 1669.

La sacristía de la iglesia es espaciosa, y lleva la firma de Cristóbal García, siendo una obra arquitectónica representativa del barroco antequerano. Su planta es rectangular, y la bóveda presenta una estructura compleja dividida en diversos tramos a través de arcos fajones trilobulados. En lo que atañe a su decoración llama la atención la presencia de elementos orientales, lo que le ha valido varias críticas por lo que muchos han interpretado una intromisión incomprensible en un templo cristiano.

El templo acoge igualmente obras de reseñable importancia, tales como un lienzo de Santa Inés o una peculiar pintura de la Virgen Madre de la Orden Trinitaria del siglo XVIII.

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32. Triunfo de la Inmaculada.

El Triunfo de la Inmaculada es obra del escultor Antonio del Castillo. Sus impulsores, en 1697, fueron la Comunidad de los Padres Capuchinos, y su finalidad era enaltecer la plaza que se extendía frente al convento. El escultor tan solo debió realizar el pedestal, ya que lo que era la escultura de la Inmaculada ya existía en el convento desde 1681, traída por el padre Francisco de Luque.

El Triunfo de la Inmaculada es una obra muy representativa del barroco andaluz y muestra la siguiente estructura: paralepídedos de forma rectangular sobrepuestos que se van estrechando progresivamente; una columna con capitel corintio, peana de perfiles curvados y todo ello coronado por la escultura. La imagen de la Inmaculada, de mármol, es anónima, y transmite mucha intensidad y dinamismo contribuyendo a esto último el hecho de que el manto ondee al viento de una manera muy natural.

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33. Capilla del Portichuelo.

La Capilla-Tribuna de la Virgen del Socorro, más popularmente conocida como la Capilla del Portichuelo, está ubicada en la plaza del mismo nombre, y desde donde se pueden contemplar vistas bellísimas teniendo las montañas como fondo. La Capilla se erigió en el siglo XVI, y destaca por sus arcos y bóvedas de la fachada, construida con cerámica, conjugando figuras geométricas con una policromía muy llamativa.

Esta obra aglutina elementos religiosos con otros de la arquitectura popular. Es una de las construcciones más emblemáticas de Antequera. La Capilla acumula elementos de estilo mudéjar con otros propios de Antequera, recordando, en algunos pequeños detalles, a la gran Mezquita de Córdoba.

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34. Nacimiento del Río de la Villa.

Entre el Torcal y Antequera existe un enclave bullente de vida que muchas veces pasa inadvertido: el Nacimiento del Río de la Villa.
 

Se trata  de un gran manantial de agua que abastece a la ciudad de Antequera, y alrededor de la cual existe una pequeña zona recreativa que saca partido del ambiente refrescante que rodea al nacimiento y la hace ideal para dar un paseo complementario a la visita al Torcal o a la propia Antequera. El nacimiento del agua sorprende, porque el agua da lugar a un remanso de agua en forma de estanque natural en torno al cual se configura la zona de esparcimiento. El baño no está permitido, y el caudal es muy abundante. Cuenta con un pequeño lago artificial y cerca existen otros parajes donde el agua es el elemento protagonista, como las Pilas de La Alhajuela.

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35. Iglesia Parroquial de San Pedro.

Esta iglesia de grandes dimensiones está integrado en el conjunto antequerano de iglesias columnarias renacentistas. No obstante, en el caso de la San Pedro, a diferencia de la de Santa María y San Juan, aquella se techa con bóveda de crucería gótica, al contrario que las otras dos, que recurren a armaduras mudéjares. El salón columnario de San Pedro es tan grande en dimensiones, como parco en ornamentación.

Las naves tienen 6 tramos, siendo los dos primeros tramos laterales de menor altura. Los apoyos internos son pilares de planta quebrada y elevadísimas columnas de fuste liso, siendo este estilo más representativo del gótico que del renacentista. Las bóvedas de crucería son de gran sencillez y están ornamentadas con yeserías de estilo barroco en la cabecera de la nave del Evangelio. El testero de la Capilla Mayor posee un retablo de policromadas yeserías de principios del siglo XVIII. Tiene dos cuerpos y un ático, en el que se disponen, encastrados en molduras de yeso, trece lienzos. El baldaquino que surge superpuesto de un modo visiblemente arbitrario sobre el retablo, procede de la capilla mayor de Santa María siendo trasladado a finales del siglo XVIII.

Bajo él, se proyectó un pequeño retablo de columnas corintias, sobre las que voltea un entablado denticulado de medio punto. Son varias las obras de arte que merecen una reseña especial, como el lienzo de la Virgen del Silencio. En la nave podemos contemplar también la capilla de Nuestra Señora del Consuelo, con un arco ornamentado con yeserías policromadas. La talla de la Virgen del Consuelo es del siglo XVIII.

La cabecera de la nave está ocupada por un retablo de pomposa factura de mediados del siglo XVIII. En él hallamos algunas esculturas destacables, tales como el San Antonio y un San Francisco del siglo XVIII. La hornacina central posee una talla de una Inmaculada de pequeño porte de estilo rococó. Pegada a la puerta de la sacristía, ya en la nave de la Epístola, nos encontramos un delicioso y pequeño retablo de finales del siglo XVIII, donde luce un destacable Niño Jesús Pasionario.

Igualmente, en el mismo testero, hay un lienzo de la escuela de Sevilla, que representa a un Cristo difunto arropado por ángeles jóvenes. El otro retablo es el de la Virgen de los Afligidos, de madera dorada y muy sencilla composición. Arquitectónicamente hablando, cabe destacar la capilla de las Almas, que con importantes yeserías decora la bóveda y su embocadura.

El retablo más importante es del siglo XVIII. En la oquedad central, resalta la figura del Cristo de la Misericordia. Los retablos laterales son del siglo XVIII y están ocupados por la Virgen la Antigua, del siglo XVI, y otras obras de menor importancia.

Previamente a llegar a la capilla bautismal, hallamos la relevante escultura del Cristo de las Penas, un crucificado del siglo XVII anatómicamente tallado con mucho esmero, y que cuenta con la llamativa característica de tener los brazos casi verticales, como proponían los jansenistas. En la capilla bautismal, no hay mucho que destacar excepto un lienzo del Bautismo de Cristo que reviste cierta calidad y la misma pila bautismal esculpida con piedra caliza roja del Torcal y fechada del siglo XVI. La sacristía presenta planta rectangular y techada con bóveda de medio cañón, y dividida en tres tramos por arcos fajones. Vale la pena detenerse en las pinturas en grisalla que lucen en los medios puntos. Por último destacar la mesa central y el aguamanil, realizado con piedra caliza roja del Torcal.

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36. Convento de Santa Catalina de Siena.

Popularmente llamado como las Catalinas, este convento es la morada de las Dominicas, y se fundó con el legado de Don Francisco Padilla y Alarcón, insigne eclesiástico antequerano y a él se deben muchas obras en latín y castellano. La iglesia original fue reemplazada por la presente, fechada en 1735, y es obra de Andres Burgueño.

La estructura de este templo obedece a la típica iglesia conventual de monjas, contando con una sola nave, una capilla mayor y un coro bajo los pies.

El exterior muestra una gran sobriedad, sin que ello vaya en detrimento de su belleza, resaltando la torrecilla de la esquina, la coordinada serie de celosías altas y la portada que da acceso al Convento. En el interior el destaque de la decoración es para las yeserías, de un barroco recargado y una abundante decoración de 

angelitos y motivos vegetales obra de Antonio Rivera.

Aunque en lo que atañe a los objetos decorativos del interior no cabe destacar ninguno en concreto, su conjunto resulta atractivo y de una sobria belleza. La Virgen del Rosario es la protagonista absoluta del retablo mayor, cuya autoría se atribuye a Diego Marquez y Vega.

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37. Palacio de Nájera.

La construcción del palacio dio comienzo en el primer tercio del siglo XVIII. Su fachada tiene dos partes en las que el tiempo de una y otra se distingue claramente. La más antigua, que corresponde a las plantas baja y principal, es de principios del siglo XVIII, en cuanto que la torre mirador y el cuerpo del ático se proyectaron ya en la segunda mitad de 1800.

La obra se la debemos al alarife antequerano Nicolás Mejías. Su estilo responde al arquetipo modelo de las torres civiles antequeranas, que se remonta al siglo XVI.

En este palacio llama la atención el atrevimiento de sus cornisas, así como la sapiencia plasmada en la técnica del ladrillo cortado. A través del vestíbulo, llegamos al patio claustral. Este es de planta cuadrada y tiene doce columnas de estilo toscano, sobre las que reposan arcos de ladrillo y un segundo cuerpo de compacta factura.

Aun dentro del capítulo arquitectónico no podemos dejar de hablar de la maravillosa caja de escalera. Es de planta cuadrada y el tramo es de ida y vuelta, cerrándola con una cúpula dorada con abundantes yeserías.

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COSAS QUE VER Y HACER EN EL VALLE DE ABDALAJÍS